Los grandes cauces, la cara B

Dos graves problemas amenazan nuestros acuíferos: la contaminación del agua por vertidos de diversa índole, y las presas, azudes y demás barreras que cortan el caudal y mutilan el ecosistema. Los más afectados, los grandes cauces, a partir de los tramos medios. Son la cara b del país de los mil ríos.


Las partes altas de los ríos gallegos «suelen estar en buen estado ecológico, pero a partir de esas zonas de cabecera empiezan los problemas», resume Fernando Cobo, director de la Estación Hidrobiolóxica Encoro do Con, de la Universidade de Santiago. La cuenca del Miño-Sil «está muy interrumpida por presas, con un deterioro en la calidad del agua y proliferación de cianobacterias, tóxicas», afirma. En su opinión, los acuíferos del arco atlántico «tienen problemas muy serios de contaminación, como el Mandeo y el Eume, este último, con excesiva acidificación».

La clave, explica, es que un río incorpora todo lo que sucede en su cauce, y si hay instalaciones ganaderas que utilizan purines para fertilizar, «el nitrógeno termina siendo arrastrado al agua». También las barreras constituyen un problema serio: «Las cabeceras del Ulla están muy bien conservadas; por ejemplo, el río Arnego. Pero todos sus procesos ecológicos mueren en el embalse, que mutila el ecosistema». Los servicios ecosistémicos que presta el río quedan «hipotecados», por ejemplo, por la imposibilidad de que «salmones o anguilas» vayan más allá de ese embalse.

El experto continúa con su repaso territorial, y concluye que «en todo el arco finisterrano hay dificultades para encontrar cauces en buen estado por una elevada contaminación urbana y agroganadera. De ahí en adelante, el Anllóns tiene problemas «por materia orgánica»; el Sar, por efectos «de la industria»; el Umia, «desde Caldas de Reis a Vilanova, por cianobacterias, deficiencia en la depuración y excesiva extracción de agua»; la zona media del Verdugo, «por materia orgánica»; el Louro, «por metales pesados»; el Lagares, por «contaminación urbana e industrial» a su paso por Vigo; toda la zona pizarrera del Sil, por «mineralización» del agua... Todos estos problemas «se agudizan en verano a causa de la sequía, y es entonces cuando aparecen los peces muertos y las banderas negras en las playas fluviales».

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