Cuando el poder del fútbol mundial remite a «El Padrino»

El libro «FIFA MAFIA» del periodista alemán Thomas Kistner, disecciona el entramado de corrupción que rodea al gran negocio multimillonario del fútbol internacional


Podía competir en las estanterías de novela negra, porque FIFA mafia (Córner) encierra una intriga de sobornos, espionaje, tráfico de información, blanqueo de dinero, corrupción, chantajes, poder y ahora ya tribunales. Algunas investigaciones del periodista alemán Thomas Kistner remiten a las diligencias que se realizan en Estados Unidos contra altos cargos de la entidad. El libro recién editado en España, como si fuese una historia paralela del organismo que rige el fútbol mundial, fija 1974 como inicio de la trama, con ramificaciones en federaciones continentales y nacionales. 

Blatter, que a raíz del último escándalo aireado por el FBI prometió dejar su poltrona,  lleva décadas en los despachos que mueven miles de millones de euros del fútbol mundial, primero como director de desarrollo (1975-1981), luego como secretario general (1981-1998) y todavía como presidente en funciones (desde 1998). 

Estableciendo un paralelismo con El Padrino, Blatter sería para Kistner el capo. «La FIFA opera como Vito Corleone, repartiendo sus áreas de negocio entre los miembros de la familia», advirtió el autor ya antes de que afloraran las investigaciones del FBI.

A la extrañeza de millones de aficionados por las designaciones de Rusia y Qatar como sedes de los Mundiales de 2018 y 2022, Kistner ofrece respuestas: «La FIFA ha adquirido un rasgo amenazador. Concretamente el de una familia de la mafia, con un jefe que lo controla todo y que no tiene que rendir cuentas por nada, con miembros leales que cumplen con el código de silencio y que han convertido la FIFA en una tienda de autoservicio».

El libro arranca el 11 de julio de 2010 cuando Blatter recibe a los jugadores de la selección española, campeona en Johannesburgo. «El mundo entero tiene la mirada puesta en él y vibra extasiado. Ningún jefe de Estado conoce una autoescenificación similar», indica el autor, que recuerda como las decisiones de la FIFA escapan con frecuencia de la fiscalización de los tribunales ordinarios, pese a tratarse de una instituación en la que se han infiltrado gánsteres y miembros del crimen organizado. Pero la trama alcanza a multinacionales deportivas, periodistas, políticos, jueces...

«Con Blatter, el término FIFA se ha convertido en sinónimo de corrupción. En sus 39 años (..,) la federación se ha convertido en una especie de instrumento privado. Blatter dicta las reglas. Es la ley», recuerda el periodista alemán.

En mayo de este año el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el FBI y la agencia tributaria desvelaron los detalles de la investigación contra directivos de la FIFA y empresarios implicados en una trama de corrupción que duró más de dos décadas. ¿Los cargos? Sobornos, chantajes, fraude y de conspiración para el blanqueo de dinero. Algunos coprotagonistas de FIFA mafia figuran entre los acusados: como Jeffrey Webb y Jack Warner, presidente y ex presidente de la CONCACAF, que representa a la FIFA en América del Norte, Central y el Caribe.

Kistner fija el origen de los escándalos en 1974, cuando el brasileño João Havelange se hace con un negocio que no iba a hacer más que crecer hasta que lo legó a su protegido, Joseph Blatter, en 1998.

Los tentáculos alcanzan a multinacionales de ropa deportiva. Blatter señala a Horst Dassler, el hijo de Adi Dassler, fundador de Adidas, como un adelantado en el arte de la extorsión. Cuando empiezan a comercializarse los derechos para televisión de los partidos crea la International Sport and Leisure (ISL), que después provocará el mayor colapso financiero de la historia de Suiza y dejará a la FIFA sin capital. 

Según el autor del libro, durante la investigación de la quiebra se descubre que la ISL tenía una fundación en Liechtenstein dotada con miles de millones de francos supuestamente destinados al soborno de altos directivos de las federaciones. El negocio era redondo, según se explica en FIFA mafia: la entidad podía comprar los derechos del Mundial de México 1986 por 45 millones de francos (previo pago de sobornos) y venderlos luego con una facturación final de 200. 

Kistner sitúa a Blatter como hombre clave, relacionado con Dassler y Havelange hasta llegar a la presidencia en 1998 «y desde el primer día se dedica a protegerse con teléfonos intervenidos?», relata Kistner, y «forma un gobierno paralelo denominado Tripulación de Mando».

¿Cómo salió airoso de tal situación? Surgieron denuncias de algunos directivos de la FIFA que acusan a Blatter ante la fiscalía de Zúrich por «sospecha de estafa y prácticas comerciales desleales» ya en 2002. Pero la venta de favores le apuntala en el trono. «Las adjudicaciones de las sedes mundialistas son la rueda de la fortuna más grande que los directivos (...) pueden hacer girar», recuerda Kistner.

LOS CONTRATOS DE BRASIL

La rama brasileña de los escándalos relacinados con las federaciones la descubre la auditora KPMG por los intentos de lavado de dinero de Ricardo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), organizador del Mundial de Fútbol de Brasil 2014, socio del expresidente del Barcelona, Sandro Rosell. 

La Policía Federal brasileña acusó a Teixeira de blanqueo de dinero y de haber movido hasta 146 millones de dólares obtenidos de forma fraudulenta. Según algunas informaciones en junio de 2015 pidió a los fiscales la acusación de Teixeira y Rosell, al primero por lavado de dinero y evasión de impuestos, y al segundo por presentar documentos falsos y esconder información. 

Rosell fue socio de Teixeira en una compañía de márketing deportivo llamada 100% Brasil Marketing en la época que era ejecutivo en Brasil de Nike.

Una de las ramas de la investigación de la Fiscalía de EE.UU. sobre la FIFA trata el contrato de patrocinio de 160 millones de dólares que firmó la CBF con Nike en 1996. Sobre Teixeira se acumularon investigaciones sobre lavado de dinero y delitos fiscales, malversación de fondos públicos... «Habría cobrado a través de una agencia que en 2008 recibió del Gobierno de Brasilia (...) cuatro millones de euros por el amistoso que disputaron Brasil y Portugal. La agencia Alianto Marketing, de Sandro Rosell, íntimo de Teixeira, habría sobrefacturado de manera exagerada, y, ocho días antes del partido, había creado otra empresa que figuraba con el domicilio de Teixeira». Ante la presión, en marzo de 2012, «quien fuera el hombre fuerte del fútbol brasileño desde 1989 dimite de todos sus cargos».

Según el autor «Teixeira recibió millones de la ISL, y Rosell fue gerente de la ISL en España, donde siguió dado de alta en el Registro Mercantil hasta que asumió el cargo de presidente del FC Barcelona en 2010».

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