La concordia es cosa de dos

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

ESPAÑA

JUAN MEDINA

22 jun 2021 . Actualizado a las 17:17 h.

Un amigo de este cronista tiene dos versiones de discurso para actos de homenaje: la corta y la larga. La corta dice: «gracias». La larga, «muchas gracias». Pedro Sánchez tiene también esos dos modelos de discurso para justificar los indultos. Una es la dicha en el Liceo de Barcelona, la otra en el palacio de La Moncloa. La diferencia entre ambas es la cantidad de veces que utiliza las palabras concordia, diálogo y alguna más de su recetario lírico y sentimental. Del uso de esos conceptos depende la extensión de su parlamento. En cuanto a las formas, son exactamente iguales: actos de optimismo sin preguntas, no sea que los interrogantes de los no siempre cómodos periodistas estropeen tan bellas perspectivas y esperanzas como las que el presidente presenta.

Lo que a este cronista le quedó para el recuerdo no es tan negativo como lo que escribieron otros respetados colegas: sus mensajes, sobre todo el del Liceo, fueron un alegato en defensa de la unidad, la legalidad y la Constitución. Ha llegado a decir que exigirá que nada se salga del pacto constitucional de 1978, lo cual me pareció más un mensaje para Casado y Arrimadas que para los independentistas mismos. Y, en lo que se refiere a los indultos, alegra saber que Sánchez es una persona que cree en lo que acaba de hacer. Cree en su poder casi taumatúrgico al afirmar que es «la mejor decisión para España y Cataluña» y se trata de «una medida para responder a la profunda crisis social y política». Más fe no se puede pedir a nadie. Ni siquiera a un gobernante.

Lo que ocurre en la singularidad de la cuestión catalana es que los independentistas querrán defender sus ideas, como es normal en un sistema democrático. Y defender la independencia de un territorio de palabra no es delito, pero eso no se le puede pedir a nadie por tiempo indefinido y a mí se me antoja que dar pasos más que verbales hacia la secesión sería muy poco compatible con el espíritu y el pacto constitucional. Esa es la parte débil de la concordia invocada como principio y como destino. Si se trata de garantizar la convivencia, la primera convivencia que habría que hacer posible debería ser la del independentismo y la legalidad. Es decir, la cuadratura del círculo.