Un vídeo de imposible digestión


Podemos está en su derecho de pedir la república, de reclamar un referendo sobre lo monarquía, de masacrar al rey Juan Carlos, de hacer propaganda contra Felipe VI y de hacer lo que quiera con su ideología. Le ampara la libertad de expresión y los demás derechos constitucionales. Pero hay algo que supera los límites de la libertad y que no está en los derechos de las personas ni de los partidos: situar a alguien, sea quien sea, en el nivel de los grandes narcotraficantes criminales. Y eso es lo que acaba de hacer ese partido con el rey Juan Carlos, con su hijo y con todos los miembros de la familia real que aparecen en un vídeo que acaba de difundir. No hay palabras en la composición de esa pieza, que incluye a Pablo Escobar y tiene como banda sonora la música de Narcos, pero la mezcla impúdica de imágenes es bastante expresiva de su intención y de su mensaje. 

Ante ello hay que decir una vez más que en política no todo vale. Si el rey Juan Carlos ha cometido delitos fiscales, que los pague. Para eso está la Justicia, cuya igualdad para todos él mismo proclamó. Si resultó poco ejemplar en algunas actuaciones privadas, censúrese con toda la fuerza de que se disponga. Y si puso en peligro la estabilidad de la Corona, un republicano hace bien en aprovechar la oportunidad que se le brinda. La única limitación política es ser consciente de lo que representa y cuál es su poder parlamentario: exactamente 35 diputados, que no parece una mayoría suficiente como para dar por aniquilado el sistema político vigente.

La siguiente consideración es que el partido político Podemos forma parte del gobierno de España. Su secretario general es vicepresidente de ese gobierno. Y es el gobierno de la monarquía, les guste o no les guste. Si tan impresentable es el sistema político, debería ser incompatible con la lealtad que los ministros han prometido solemnemente al rey. Roza la indecencia tratar de demoler la Corona y beneficiarse de los privilegios y honores a que tienen derecho por sus cargos. Y no vale decir que el pacto que tienen el señor Sánchez y el señor Iglesias se basa en respetar la autonomía y las ideas de cada uno y mantener solamente la unidad y la coherencia en las cuestiones aprobadas en Consejo de Ministros. Eso es de consumo interno. En el consumo externo, lo que hagan los ministros de Unidas Podemos es atribuible al conjunto del gabinete.

¿Se da cuenta el señor Sánchez de que todo esto le afecta y pierde credibilidad cuando repite que se juzga al rey emérito, pero no a la institución? Pablo Iglesias no hace más que desmentirlo, porque está juzgando a la institución sin pruebas, pero con insinuaciones de difícil encaje en el rigor, por no decir en la honestidad que se debe exigir y se puede esperar de alguien que sí está en la dirección del Estado, pero se porta como si fuese el líder de la oposición.

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