Maje, una viuda negra con cuatro amantes y muchas vidas paralelas

La Fiscalía pide 22 años de cárcel para ella por planear la muerte de su marido

María Jesús Moreno, Maje, en una sesión del juicio
María Jesús Moreno, Maje, en una sesión del juicio

Redacción / La Voz

Eran las 7.40 del 16 de agosto del 2017. El ingeniero Antonio Navarro entró como tantas otras mañanas en el garaje del barrio valenciano de Patraix donde aparcaba el coche de empresa en el que se desplazaba al trabajo. Pero ese día ni siquiera llegó a encender el vehículo. Según la versión de la Policía y de la Fiscalía, en el garaje le esperaba agazapado Salvador Rodríguez, un celador del hospital de Manises que se abalanzó sobre él para asestarle seis puñaladas. Cuatro alcanzaron el corazón. Murió en el acto. Un vecino encontró el cadáver de Antonio, sobre un charco de sangre, a las 15.30.

No empuñó el arma, pero siempre según las diligencias policiales y la acusación del Ministerio Público, detrás del asesinato del ingeniero (que entonces sumaba solo 36 años) estaba su desconsolada viuda, María Jesús Moreno, una enfermera con cuatro amantes y muchas vidas paralelas en las que los investigadores hallaron las claves del crimen. Hasta el próximo día 29 se celebra en Valencia el juicio contra Moreno, para quien la Fiscalía pide 22 años de cárcel, y su amante Salvador, para quien solicita 18 años de prisión.

Una chica «muy coqueta»

De las Carmelitas a la fiesta perpetua. María Jesús Moreno (Novelda, Alicante, 1990), conocida entre sus amistades como Maje, pertenece a una acomodada familia de fuertes convicciones religiosas. Antes de estudiar enfermería, pasó por las aulas de las Carmelitas, donde, según las crónicas locales, dejó la impresión de ser una chica «muy coqueta». Tras salir de Novelda y descubrir la agitada vida de Barcelona y Valencia, ya no quiso regresar a la localidad. «Estamos muy locas. Nos gusta la fiesta con tíos buenos. Yo la movida con mi Antonio que en paz descanse no la quería [risas]», le confesaba tras el crimen a su mejor amiga y compañera de andanzas, Rocío, en un mensaje intervenido por la policía.

En el hospital

De las guardias a la residencia de las «monjitas». La defensa de Maje, muy preocupada por la imagen de la llamada «viuda negra de Patraix», ha tratado de restaurar su reputación subrayando que es una enfermera «muy profesional» que a menudo doblaba guardias en el Hospital de Manises y que compaginaba este empleo con su trabajo en una residencia de ancianos de Torrent. Con las «monjitas», como las llamaba ella. Pero la investigación policial revela que la acusada utilizaba las guardias en el hospital como pantalla para organizar las citas con sus amantes. Lo hizo incluso la víspera del asesinato de Antonio, cuando le contó a su marido que le tocaba trabajar y en realidad estaba en casa de una de sus parejas.

Las primeras sospechas

Demasiado chateo para una muerte tan reciente. La inspectora jefa de Homicidios de Valencia explicó en el juicio que, después de corroborar que no había nada turbio en la existencia de Antonio Navarro (ni deudas, ni infidelidades, ni adicciones), decidieron indagar en la vida de Maje. Las primeras sospechas, reveló la investigadora, surgieron de un hecho que les sorprendió al tomarle declaración. María Jesús , cuyo marido acababa de ser brutalmente asesinado, «chateaba continuamente» aferrada a su móvil entre declaración y declaración. Pincharon ese teléfono y descubrieron no una, sino muchas vidas paralelas.

Cuatro amantes

Un celador, un fisioterapeuta, un guardia urbano y un publicista. Según las pesquisas de la Fiscalía y los propios testimonios ofrecidos por estas parejas en la vista oral, Moreno no tenía uno, sino cuatro amantes. Todos desconocían la existencia de los otros y alguno ni siquiera sabía que ella estaba casada. Además de con Salvador Rodríguez, Maje mantenía relaciones extramatrimoniales más o menos estables con Tomás (un fisioterapeuta, con el que tuvo una aventura durante once meses), José (un publicista con el que pasó la noche anterior al asesinato de su marido y con el que se fue a vivir después de su muerte) y Sergio, un guardia urbano de Barcelona que en su declaración la definió como una «depredadora sexual».

Un primer tanteo

«Quiero que se muera». Dos meses antes del homicidio, Maje tanteó a Tomás. «Quiero que se muera, le deseo un mal, esto lo va a pagar caro», escribió sobre su marido en varios mensajes, fechados el 4 de junio del 2017, enviados al fisioterapeuta.

Un crimen planificado

Compra el cuchillo antes de irse de vacaciones con la familia. Según la acusación, María Jesús facilitó a Salvador la llave del garaje y la información sobre horarios y la ubicación de la plaza para planificar el crimen. Rodríguez compró el arma, un cuchillo cebollero con una hoja de 15 centímetros de longitud, antes de irse de vacaciones con su mujer y su hija. El 16 de agosto del 2017, ejecutó un plan que la Fiscalía calificó de «muy inteligente».

La confesión

Salvador se derrumba. El 10 de enero del 2018 la policía detiene a los dos amantes por el asesinato de Antonio. Al principio, Salvador confiesa y la exculpa a ella. Pero, tras descubrir que Maje tiene relaciones con otro recluso de la cárcel de Picassent, en noviembre pide declarar ante el juez y desvela la estrategia de María Jesús para librarse de su marido sin pasar por un divorcio que le dejaría sin herencia, sin las pólizas de los seguros de vida y sin la pensión de viudedad.

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Salvador Rodríguez, el presunto autor material del crimen

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La defensa de Salvador Rodríguez ha asegurado en el juicio que el celador estaba obsesionado con María Jesús y era «una marioneta» en sus manos. Se conocieron en el 2015, antes de que Maje se casase con Antonio, en la Casa de Salud de Valencia, donde trabajaban ambos (y también la entonces esposa de Salvador, Inma). Volvieron a coincidir, siendo ya amantes, en el Hospital de Manises, donde la policía arrestó a Salvador como presunto autor del asesinato.

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