España les sigue importando un comino

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira SIN COBERTURA

ESPAÑA

Kiko Huesca

01 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

 La frase -«España nos importa un comino»- lleva el copyright de Montserrat Bassa, hermana de Dolors, una de las condenadas por los delitos de sedición y malversación por todos los hechos vinculados al 1-O en Cataluña. La diputada republicana se la dijo el 7 de enero, quizá con la resaca de las celebraciones del día de Reyes, a Pedro Sánchez instantes antes de votar a favor de su investidura. Con distintas variaciones, Gabriel Rufián, el hombre de Oriol Junqueras en Madrid, se la ha ido repitiendo a todo aquel que haya querido oírle en las últimas cuatro semanas.

Rufián, que auguró en el 2016 que solo cobraría 18 meses más de todos los españoles porque luego llegaría la independencia catalana, es el que maneja ya el mando de la legislatura. Lo demostró al obligar a los estrategas de la Moncloa a volver a convocar la mesa de diálogo entre Sánchez y Torra seis horas después de anunciar que se posponía hasta después de las elecciones a la Generalitat, aún sin fecha. Y lo repitió este miércoles, cuando justificó la abstención de ERC -y la de su satélite Bildu- al techo de gasto sobre la que el bipartito PSOE-Podemos pretende construir los Presupuestos que le den al menos un par de años de vida. «Somos de fiar. Sánchez ha convocado la mesa y nosotros vamos a cumplir permitiendo que siga la tramitación de los Presupuestos. Pero esto no significa su aprobación», explicó el antiguo rebelde sin causa ahora transmutado en hombre de Estado.

Mientras, el independentismo sigue celebrando pequeñas victorias. Siete de los nueve condenados por la intentona del 1-O ya están en semilibertad y los dos que faltan gozan de tantas comodidades para entrar y salir de la cárcel con cualquier excusa que ni siquiera tienen prisa por acelerar los trámites. El bipartito Sánchez-Iglesias se afana tanto en agradar a sus imprescindibles socios legislativos que lo mismo les prometen el cese de testigos incómodos, beneficios judiciales o una inversión equivalente al 19 % del PIB español que pondría contra las cuerdas la solidaridad territorial y el equilibrio entre regiones necesario para la igualdad de todos los españoles que pregona nuestra Constitución. Todo para que el inconformista huido Puigdemont diga que no desde Perpiñán en loor de multitudes. Que nada es suficiente. Salvo la independencia.

Lo que falta por saber son las «soluciones imaginativas» con las que María Jesús Montero, sí, la portavoz del Gobierno y ministra de Hacienda capaz de birlarles 2.500 millones a las comunidades, nos va a sorprender para solucionar el problema de quienes no quieren cumplir con la ley, el precepto básico en cualquier democracia que se precie. Algo casi imposible, salvo que a todos nos importe un comino España.