Hacia un inevitable acuerdo PSOE-PP

La abstención no será tan alta como algunos pronostican, pero la presión para formar Gobierno rápido será inmensa tras el 10N


Es muy posible que la realidad no acompañe finalmente a los apocalípticos pronósticos a los que estamos asistiendo sobre la posibilidad de una abstención masiva en las próximas elecciones. Es cierto que el cabreo del personal con la clase política se palpa a pie de calle. Pero los españoles llevan años demostrando que su responsabilidad y su compromiso con la democracia están muy por encima de los de los partidos. Augurios semejantes a los que se están haciendo ahora, de caídas de hasta un 10 % en la participación, se hicieron ya ante los comicios del 2016, que fueron los primeros que hubieron de repetirse por la incapacidad del Parlamento a la hora de darle a España un Gobierno. Pero lo cierto es que, con los lógicos altibajos, desde las elecciones del 2011, tras las cuales se inició la crisis política que padecemos -acaso más grave que la económica-, hasta las del 2016 la participación en los comicios generales se mantuvo relativamente estable. Fue del 68,9 % en el 2011, del 69,7 % en el 2015 y del 66,5 % en el 2016. Es en el 2019 cuando se produce un salto cualitativo, llegándose hasta el 75,75 %, cifra no alcanzada desde el 2004, en plena conmoción por los atentados del 11-M, por lo que ni siquiera una vuelta a índices de participación por debajo del 70 % supondría que se está produciendo una crisis de legitimidad democrática.

Lo que sí parece incuestionable es que difícilmente soportarán los españoles que tras las próximas elecciones se produzca un espectáculo semejante al que acabamos de vivir, con dos partidos mareando la perdiz durante cinco meses. Sea cual sea el resultado, la presión para que se forme Gobierno cuanto antes será inmensa. Y ahí es donde las cosas pueden empezar a cambiar. Para Unidas Podemos, renunciar rápidamente a un Gobierno de coalición con un resultado peor que el actual sería un suicidio político. Y para Sánchez, ceder a la coalición teniendo más escaños que los que tiene ahora sería inexplicable. Todo ello, sin contar con que la sentencia del procés hará casi imposible que los independentistas apoyen, como hasta ahora, a Pedro Sánchez.

La solución pasa por tanto por un acuerdo transversal. Al contrario que en este momento, la suma del PSOE y Ciudadanos podría no ser suficiente. Y, por tanto, no habría que descartar un pacto en el que intervenga el PP, tanto si es para facilitar un Ejecutivo de socialistas y naranjas con su abstención como si es para negociar un acuerdo programático moderado y pragmático con el PSOE sin entrar en el Gobierno. De una u otra manera, todo pasaría por un gran pacto entre las dos principales fuerzas, que no sería una gran coalición.

Hasta hoy, solo Alberto Núñez Feijoo ha sido capaz de verbalizar esa posibilidad, a pesar de que ha estado sobre la mesa desde el año 2015 y de que, de haberse producido, habría dado a España una estabilidad desconocida en su historia reciente y facilitado la aplicación no traumática de las reformas necesarias. Aunque también es cierto que cuando el presidente de la Xunta plantea ese gran acuerdo no solo está pensando en el 10N, sino también en el posible escenario tras las elecciones gallegas.

Sánchez necesita tres folios para explicarse ante los suyos

No todo debe verse de color de rosa en Ferraz y en la Moncloa cuando el líder del PSOE, Pedro Sánchez, cree necesario enviar una carta a los militantes socialistas para movilizarlos ante las próximas elecciones generales. El miedo a que sus votantes se queden en casa, hastiados de una situación de bloqueo que no parece encontrar solución por la izquierda, es real. Pero lo más significativo es que Sánchez necesite hasta tres folios para explicar a las bases socialistas que la culpa de la repetición de las elecciones no es suya, sino de sus rivales. Porque de eso trata la misiva. De justificar ante los suyos que no haya sido posible un acuerdo. Algo no va bien cuando hacen falta tres hojas para buscar una coartada.

Mejorar el 10N puede no servirle para nada a Casado

Las encuestas pintan bien para el PP en crecimiento en escaños. Pero una cosa es sumar diputados y porcentajes y otra que la situación del partido y de su líder, Pablo Casado, vaya a mejorar. Por más que se insista en ello, si los pronósticos se cumplieran, a los populares no les habría convenido en absoluto una repetición de las elecciones. Ganando un puñado de escaños la situación no va a cambiar en nada para Casado, que no podría tampoco gobernar y perdería sin embargo sus quintas elecciones en poco más de un año como líder del PP tras las generales, las autonómicas, las municipales y las europeas del 2019. Casado debe hilar muy fino en las listas para que eso no acabe pasándole factura.

La sentencia del «procés» cambiará la campaña

Ningún conflicto político puede monopolizar el debate y las portadas de los periódicos durante años. El desafío independentista catalán lleva tiempo languideciendo en lo que afecta al interés y la preocupación de los españoles. Eso permitió que en las pasadas elecciones, con la colaboración de la irrupción de Vox, el eje fuera una batalla entre izquierda y derecha. Sánchez quiere ahora hacer virar ese eje para convertirlo en una elección entre estabilidad o bloqueo. Y, de momento, según los sondeos, lo va consiguiendo. Pero la campaña del 10N, que se abrirá con la sentencia del procés ya conocida, va a volver a centrar el debate en Cataluña. Y esa no es la mejor de las opciones para el PSOE.

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