El hartazgo que puede cambiar todo

Si se traslada a un aumento significativo de la abstención que perjudique a un bloque, el escenario puede dar un vuelco

Un colegio electoral de Oviedo, lleno de votantes
Un colegio electoral de Oviedo, lleno de votantes

Aumento del hartazgo y la desafección de la ciudadanía hacia la política y los políticos, frustración entre los votantes, sobre todo los de izquierdas. Estos factores podrían ser decisivos el 10N si se transformaran en un incremento significativo de la abstención que además castigue a los partidos de un bloque determinado. Esto podría cambiarlo todo. El único precedente de repetición electoral, en junio del 2016, se saldó con un aumento de la abstención de 3,4 puntos. La desafección, sin embargo, parece ser mucho mayor ahora, según los expertos consultados por La Voz. 

¿Cómo puede afectar la repetición electoral a la desafección de los ciudadanos hacia la política?

Para la politóloga Berta Barbet, «seguramente va a generar más desafección y hartazgo entre muchos ciudadanos que no entienden por qué no ha podido haber un pacto de gobierno». A esto hay que añadir que tradicionalmente «España es un país con índices de desafección especialmente altos». «No parece haber dudas acerca de que esta repetición electoral incrementará, aún más, el descrédito de la política y los políticos en la ciudadanía», estima Félix Ortega, catedrático de Sociología. «Los datos demoscópicos (el último del CIS lo revela agudamente) reflejan esta tendencia desde hace algún tiempo, la valoración de los líderes es igualmente negativa». Ortega explica que «el tiempo pasa, los problemas, viejos o nuevos, no se afrontan y la clase política se ha encapsulado en un limbo en el que todo se reduce a estrategias de comunicación, los manidos relatos». Y hace un pronóstico muy pesimista: «Es probable que de prolongarse esta situación la propia sociedad, además de sufrir la ausencia de soluciones, acabe por desarticularse y atomizarse de manera preocupante». «Que una porción de españoles están hastiados de los políticos lo muestra desde hace años el CIS cuando son señalados como uno de los principales problemas del país», apunta el profesor Carlos Barrera. «Es una realidad palmaria que, sin embargo, no siempre conlleva la abstención, como muestra el más bien alto nivel de participación electoral habitual», añade. «Las filiaciones ideológicas siguen tirando de los hastiados ciudadanos en una especie de voto del mal menor o del todo sea para que no salgan elegidos ‘los otros’».

La politóloga Verónica Fumanal explica que «la repetición electoral no había sido algo habitual durante el período donde existió un bipartidismo imperfecto; ahora con un sistema cuatripartito parece que a nivel nacional los partidos ganadores la utilizan como una segunda oportunidad para apuntalar el resultado electoral y presionar al resto de fuerzas políticas». Pero «esta lectura no parece que esté siendo bien acogida por el electorado que no ve la necesidad de volver a votar». 

¿Cómo puede afectar a la movilización el 10N? ¿La abstención puede ser decisiva? ¿A quién puede perjudicar más?

«Es muy probable que suba la abstención, va a ser claramente decisiva y lo más lógico es que perjudique especialmente a la izquierda, que es la que se movilizó de forma excepcional en abril», destaca Barbet. «Ahora mismo no es fácil predecir el grado de (des)movilización electoral. Y no lo es porque de aquí a las elecciones van a producirse acontecimientos muy sensibles (sentencia del procés, brexit, tal vez recesión, guerra comercial EE.UU.-China, conflictos petrolíferos derivados de la guerra en Yemen, etc.), que tendrán impacto en el comportamiento de la ciudadanía». A ello hay que sumar, «indudablemente, el tipo de campaña electoral que se ponga en marcha, cuanto más se base en la confrontación, más puede desmovilizar a los votantes de izquierda, una izquierda que, además, puede concurrir más fragmentada, con la consiguiente penalización en número de escaños». Barrera prevé que la abstención «será algo más alta, al igual que ocurrió en 2016, la cuestión clave es si afectará a los dos bloques, izquierdas y derechas, por igual o no», señala. «Más que nunca las estrategias de campaña apuntarán prioritariamente a movilizar a los suyos», añade. Fumanal señala que «tradicionalmente el electorado de izquierdas es mucho más crítico y volátil que el electorado conservador».

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