No hay verbena en Galicia en la que en cada sesión vermú no retumbe por lo menos una vez el pasodoble de Manolo Escobar Solo te pido. El estribillo se hizo viral la semana pasada cuando el nuevo líder del PP en Cataluña, Alejandro Fernández -nada que ver con el cantante mexicano más icónico de los últimos años-, se lo dedicó irónicamente a los independentistas que atosigan a todos los que no compartan el credo nacionalista. Quizá inspirado en Fernández, Pedro Sánchez ha hecho de esta canción su particular himno del verano y repite el estribillo -«solo te pido, solo te pido...»- casi a diario desde hace una semana, cuando fracasó, por segunda vez, en su intento de ser elegido presidente.

Ayer, en una de sus contadas apariciones públicas al alcance de todos los periodistas, se lanzó como si fuera el cantante de la Panorama. Los destinatarios de su caídita de ojos fueron todos los presentes en la plaza: PP, Ciudadanos, Podemos... Sánchez lo tiene claro: «Solo les pido que faciliten mi investidura, no les pido que me apoyen, solo les pido que me dejen gobernar, que es lo que han decidido los españoles en las urnas», repitió machaconamente en su discurso público.

Sánchez olvida el tuit -ese también- que puso en el verano del 2016: «Mariano Rajoy es el único culpable del fracaso de su investidura por no ser capaz de tejer una mayoría en el Congreso», escribía entonces el adalid del «no es no».

Mil días después, del otro lado del mostrador, el mensaje en nada se parece al de entonces. Pedro Sánchez exige una rendición sin condiciones a enemigos y teóricos aliados. Retener el poder es el objetivo y la amenaza del castigo a todos los españoles con unas elecciones está encima de la mesa. ¿Por qué?

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«Solo te pido, solo te pido...»