El profesor acusado de haber abusado de 13 niños en Madrid admite que era «cariñoso» con los alumnos
ESPAÑA
Niega tajantemente los abusos y asegura que sus gestos en clase «se han malinterpretado»
24 ene 2017 . Actualizado a las 12:53 h.El profesor del Colegio Vallmont de Villanueva del Pardillo (Madrid) Carlos Ruiz, acusado de agredir sexualmente a 13 menores de 13 años entre el año 2010 y el 2015, reconoció este martes en el juicio que es un docente «cariñoso» como el resto de profesores del centro, pero negó tajantemente los abusos.
Fuentes jurídicas presentes en el juicio, que se celebra a puerta cerrada, explicaron que el profesor negó todos y cada uno de los 13 delitos de abusos sexuales que le imputa la Fiscalía e incluso se mostró «sorprendido» por estar sentado en el banquillo.
El procesado, que respondió durante hora y media a todas las partes, aseguró que «se han malinterpretado» sus gestos en la clase, porque una cosa es ser un profesor «cariñoso», como todos los que trabajan en el centro escolar, y otra muy distinta es acusarle de unos hechos tan graves como abusos sexuales a menores.
Antes de que se iniciara la vista oral, el abogado defensor Ramón Muñoz avanzaba que su cliente intentaría probar su inocencia aportando un informe psicológico de las víctimas que demostrase lo poco creíbles de su relato. Tras concluir el interrogatorio, varios policías sacaron al docente esposado de la sala, quien agazapado se tapaba el rostro con la capucha de un abrigo. El acusado está casado y tiene dos hijos de corta edad. En el momento de su detención, su hijo pequeño tenía un mes de vida.
Versión contraria a su testimonio mantienen los padres de los afectados, que aseguran que sus hijos les contaron que su profesor les hacía «cosas raras», como por ejemplo morderles las orejas. En los pasillos, manifestaron que el colegio no les creyó cuando denunciaron los hechos en el año 2013, dos años antes de que el profesor fuera detenido tras estallar el caso. Los progenitores del primer denunciante, en concreto, tuvieron que sufrir el calvario de ser los señalados por los padres de otros alumnos que no les creían. Incluso su hijo sufrió palizas al grito de chivato, relataron. «Mi hijo se llegó a arañar el brazo hasta hacerse sangre. Lo pasamos fatal», aseguró una de las madres, que se quejó de que el colegio intentara tapar lo que estaba sucediendo. Según su versión, el centro les recomendó no denunciar porque iban a causar «alarma social».
Tras la declaración del procesado, se reproducirán las pruebas preconstitucidas que se realizaron en instrucción sobre las víctimas, algo que pretende evitar que los menores tendrán que volver a declarar y pasar un mal trago. En su escrito de acusación, el fiscal solicita 71 años de cárcel para el exdocente, mientras que una de las acusaciones particulares reclama 91 años de prisión. En cuanto a la indemnización daños morales, la acusación particular pide la cantidad de 10.000 euros para cada niño y la «inhabilitación especial» del profesor, que supone cinco años más sin poder ejercer tras el cumplimiento de la pena de prisión.
Respeto a la Fiscalía, pide entre cinco y seis años de prisión por cada uno de los presuntos abusos hacia los menores y una indemnización por daños morales de entre 1.500 y 3.000 euros para cada uno, lo que suma la cantidad de 27.600 euros. Asimismo, se solicita la pena de inhabilitación para el ejercicio de la actividad docente o cualquier profesión que implique contacto o relación con menores de edad.
En su escrito, el Ministerio Público subraya que, en su doble condición de tutor y profesor de 3ª y 4º de Primaria, el acusado se aprovechó de la confianza y admiración que despertaba en los menores de edad para «satisfacer sus más reprobables instintos sexuales». El profesor, según la Fiscalía, «abusando de su condición de 3º y 4º de primaria del referido centro escolar, y en algunas ocasiones también de su condición de tutor de alguno de sus alumnos, y aprovechando la confianza y admiración que despertaba entre los mismos, durante los años 2010 a 2015, guiado en todo momento por el ánimo de satisfacer sus más reprobables instintos sexuales, procedió del modo siguiente», recoge el escrito de acusación.
Según el documento de la Fiscalía, la presunta actividad delictiva del ex profesor seguía siempre un patrón muy similar en todos los casos. Mientras impartía clases a niños de 8 y 9 años, llamaba a un determinado alumno y le pedía que se acercara a su mesa para corregir un dictado o los deberes. En ese momento, al parecer, invitaba al menor a sentarse sobre sus piernas y «aprovechando que lo que pasaba sobre la mesa del profesor no podía ser visto por los demás alumnos», realizaba tocamientos por encima de la ropa del menor o metía su mano por dentro del pantalón y el calzoncillo.
El Fiscal recoge que este tipo de conducta la hacía de forma «reiterada» con el mismo alumno y durante los dos años que cursaba 3º y 4º de Primaria. Unas veces se limitaba a «tocar el culo del alumno y a pellizcarle», y en otras «le chupaba o le mordía la oreja».
Se indica además en el escrito de acusación del Fiscal que no siempre se limitaba a ese tipo de conductas, sino que también se atrevía a tocarles en la zona genital (pene y testículos). Los «reprobables» instintos sexuales del profesor le llevaron incluso a hacer cosquillas a sus alumnos por dentro de la ropa, a «tocarles sus pezones» y darles «besos en el cuello».