El nuevo Gobierno se estructuraría en torno a tres áreas: política, económica y social

El diálogo y el desafío secesionista, nuevas prioridades para el futuro ejecutivo de Mariano Rajoy


Madrid / Colpisa

Pese al sudoku de nombres que intentan cuadrar los populares, es la estructura ministerial la que más ha ocupado al presidente del Gobierno desde que juró el cargo el pasado lunes. Fuentes de su entorno apuntan a que, tras muchas comparativas y sugerencias, Rajoy podría finalmente inclinarse por reordenar las competencias de los departamentos e incluso por cambiar la denominación de algunos ministerios para adaptar el Gobierno a la nueva realidad política. Porque si en el 2011 el reto de frenar la recesión marcó el esquema gubernamental, hoy, recuerdan, han surgido nuevas prioridades.

Sin tener la certeza de lo que el líder del PP tiene en mente, su círculo cercano sí plantea que el próximo Gobierno deberá sustentarse en tres grandes áreas. La económica, encargada de perseverar en las políticas anticrisis que el presidente no está dispuesto a «derribar»; la social, que tiene como encomienda reparar la imagen de un Ejecutivo asociado a los recortes y las restricciones; y la política, con el reto de la regeneración y el conflicto catalán en el horizonte. En la casilla de salida para ocuparse de la interlocución con Cataluña se encuentra la vicepresidenta. En el PP y en la Moncloa coinciden en que si Administraciones Públicas se desgaja de Hacienda, al menos en parte, Sáenz de Santamaría podría asumir esas funciones sin abandonar su lugar como número dos de Rajoy.

Difícil convivencia

Frente al desafío independentista, la falta de un referente claro ha sido una de las grandes carencias del anterior Ejecutivo. La respuesta a la Generalitat siempre fue coral. Cristóbal Montoro y la vicepresidenta no fueron los únicos en elevarse como voces autorizadas. Según avanzó la legislatura, José Manuel García-Margallo fue adquiriendo un mayor protagonismo, hasta el extremo de que, como ministro de Exteriores y con una propuesta de reforma constitucional que no contemplaba el PP, aceptó debatir en la campaña electoral catalana con el número dos del Gobierno autonómico, Oriol Junqueras. A día de hoy, la continuidad de Margallo en el Gabinete está en cuestión. Aun siendo amigo personal del presidente, hay quienes en el Gobierno creen que será incluso más llevadera la espinosa convivencia entre Sáenz de Santamaría y la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, si es que llega a dar el salto al Ejecutivo, que la que sufren la vicepresidenta y el titular de Exteriores.

Pero despedirse de aquellos con los que mantiene una relación personal nunca ha sido un trago fácil para Rajoy, conservador ante los cambios y sin fe en las revoluciones. «Combinará renovación con veteranía, y habrá aire fresco sin romper la continuidad», auguran quienes se resisten a que la realidad les desmienta. Esas mismas voces señalan que más que ministros independientes, sin carné de partido, el jefe del Ejecutivo podría finalmente haber buscado efectivos en los territorios y rescatado a expresidentes autonómicos como la aragonesa Luisa Fernanda Rudi o el balear José Ramón Bauzá.

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