Podemos se pone de perfil

Ander Azpiroz MADRID / COLPISA

ESPAÑA

Miguel Toña | efe

El partido de Pablo Iglesias desaparece del primer plano mientras se prepara para una difícil refundación

28 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Podemos no es el mismo desde las elecciones. Si algo había caracterizado a este partido desde su nacimiento era un dinamismo extremo que ha desaparecido en los últimos dos meses. El desencadenante hay que buscarlo en la decepción electoral del 26J. La cúpula del partido no solo daba por descontado superar al PSOE, sino que incluso se veía cerca del PP. No se consiguió ninguno de los dos objetivos y el golpe ha sido de tal magnitud que ha obligado a la formación a repensarse de arriba abajo. Desde su organización hasta su estrategia. Y mientras se decide la ruta a seguir a partir de ahora, Podemos funciona al ralentí. «Si no estamos en la primera página de la actualidad es porque se está discutiendo sobre una investidura de Rajoy en la que nadie duda de nuestra respuesta», justifica Íñigo Errejón. Pero lo cierto es que tras las elecciones del 20 de diciembre el partido morado, además de su protagonismo en la investidura fallida de Pedro Sánchez, entró como un torbellino en el Congreso y ahora, en cambio, nada de nada, hasta el punto de no haber presentado iniciativa parlamentaria alguna.

En el partido se asegura que no se trata de dejadez o apatía, sino de haber aprendido de lo sucedido en los últimos siete meses. Se sostiene que todo el esfuerzo realizado en la corta legislatura anterior fue directo al cubo de la basura. Con este argumento, Podemos ha decidido esperar a que haya Ejecutivo para volver a registrar la batería de medidas que presentaron entonces.

El perfil bajo de Podemos no solo ha afectado a su actividad parlamentaria. En la anterior legislatura el partido se metió de lleno en las negociaciones para formar Gobierno, hasta el extremo de que sus maniobras acabaron por abrir una sima con el PSOE. Gestos como el de anunciar la oferta de un Gobierno de coalición mientras Sánchez aún estaba reunido con el rey causaron un hondo malestar entre los socialistas. Iglesias y los suyos quieren evitar ahora nuevos desencuentros como aquel porque «rectificar es de sabios». La forma de hacerlo ha sido ceder toda la iniciativa al PSOE. El mensaje de todos y cada uno de los dirigentes de la formación ha sido el mismo: «si los socialistas quieren algo, que llamen».

Aunque no se tomará la iniciativa, desde Unidos Podemos se insiste en que, si Sánchez da el paso, «los números dan» para formar un Gobierno progresista. Y si el líder socialista se decide, Errejón ya ha avanzado que están dispuestos a ser «flexibles» en las negociaciones. En el caso de que el secretario general socialista no lo intente, la dirección de Podemos contempla dos escenarios que pueden resultar positivos para la coalición y que también les inclinan hacia la cautela. Por un lado unas terceras elecciones supondrían una nueva oportunidad para lograr el sorpasso. Por otro, si el PSOE facilita que Rajoy siga en la Moncloa sufrirá un desgaste ante el electorado de izquierda que podría dar un extra de votos a la coalición de Iglesias.

Un tercer factor que ha llevado a Podemos a la hibernación es su situación interna. Agosto, dicen en el partido, ha servido a sus dirigentes para reflexionar sobre el camino a tomar a partir de septiembre, cuando se dará el pistoletazo de salida al proceso interno que debe culminar con una asamblea ciudadana que aún no tiene fecha, pero que al secretario general le gustaría celebrar a finales de año. Hasta entonces, la formación deberá resolver las diferencias entre las corrientes internas que amenazan con romper la unidad del partido. La refundación se presenta como un proceso complejo en el que la lucha entre el sector más pragmático, liderado por Errejón, y el que aboga por un regreso a las esencias sobre las que se fundó Podemos está servida.