El ser y el parecer


La broma ha durado 24 horas. Demasiadas incluso para un país sumido en el hastío político. Rajoy hizo finalmente ayer lo que todo el mundo esperaba que hiciera el día anterior. Fiel a su estilo de no cumplir nunca lo que los demás esperan si no lo que a él le conviene. Es lo que se ha impuesto en estos tiempos en los que nada es lo que parece, porque todo el mundo esconde lo que es y pretende hacernos creer que es lo que parece. Rajoy retrasó deliberadamente la aceptación de las exigencias de Rivera, lo que acabó haciendo en la intimidad, para no dar la apariencia de que se mueve impulsado por Ciudadanos ni que se interprete el pacto por la regeneración como un reconocimiento implícito de las tropelías del PP.

Pero como bien está lo que bien acaba, lo importante es que ya tenemos fecha de investidura y eso desbloquea la legislatura. Ya solo falta por resolver el otro bloqueo, el que impide que haya un presidente del Gobierno. Desatar ese nudo gordiano parece mucho más complicado. Atrapados como están los partidos en este juego de las apariencias en que se ha convertido la política tras el 20D, todo apunta a que el PSOE no se moverá del no... al menos antes de las elecciones del 25 de septiembre. Rajoy se sacrificará con una investidura fallida, munición electoral contra los socialistas, a los que harán responsables de su fracaso buscando pescar entre el electorado socialista moderado. Sánchez, en cambio, venderá su rechazo como una cuestión de coherencia con la vista puesta en los votantes de izquierda. Ellos satisfechos mirándose el ombligo, los ciudadanos, perplejos, sin saber diferenciar bien quién es responsable y tiene sentido de Estado de quien solo lo parece. El peligro es que en este duelo de simulaciones se les vaya la mano y hagan que se nos atragante el turrón con unas nuevas elecciones.

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