A las diez de la mañana se constituye mañana el Congreso de la duodécima legislatura. La primera sesión estará presidida por la llamada mesa de edad, que forman el parlamentario de más edad y los dos más jóvenes. La presidenta será la popular María Teresa de Lara, de 64 años, y las secretarias, la socialista María Such, diputada por Valencia, y Nagua Alba, representante de Podemos por Guipúzcoa, ambas de 25 años.
El voto se deposita en una urna y se efectúa mediante llamamiento nominal a cada legislador. Para elegir al presidente se efectúa una primera votación en la que se requiere el respaldo de la mayoría absoluta, 176 diputados. De no ser así, se vuelve a votar y se elige entre los dos candidatos con más apoyos. Los cuatro vicepresidentes se eligen en una sola votación y asumen el cargo los cuatro parlamentarios que reciban más apoyo de sus compañeros. Con los secretarios el sistema es el mismo.
El sistema obliga a acuerdos
Este sistema de elección obliga a que siempre tenga que haber acuerdos entre los grupos parlamentarios y una calculada aritmética, porque no todos los diputados de las grandes fuerzas políticas votan al mismo candidato, ya que tiene que repartir sus apoyos entre los propios y los de los grupos con los que ha pactado.
Una vez constituida la Mesa del Congreso, todos los diputados serán llamados por los secretarios por su nombre para que juren o prometan acatar la Constitución. Esta ceremonia fue utilizada en la anterior legislatura por los representantes de Podemos, todos nuevos en la Cámara, para presentar distintas reivindicaciones.
Por otra parte, el rey también vuelve a encontrarse ante una difícil encrucijada. El miércoles, una vez reciba en la Zarzuela al nuevo presidente del Congreso, estará en disposición de abrir la ronda de contactos con los representantes de las fuerzas parlamentarias para proponer un candidato a la presidencia del Gobierno. Y, si nada cambia, de nuevo se topará con un dilema: nadie tiene apoyo suficiente para superar con éxito la investidura. En la Casa del Rey admiten que el fiasco de la investidura fallida en la breve legislatura pasada no fue un trago agradable.