Una tensa partida de póker en la que nada es lo que parece

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

Sergio Barrenechea | EFE

Sánchez se limita a dar por hecho que Rajoy acabará gobernando y que el PSOE estará en la oposición, pero no dice qué haría si eso no sucede

10 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Como era previsible, el comité federal del PSOE solo ha servido para que los socialistas cierren filas en torno al voto negativo en la investidura de Mariano Rajoy. Pero ninguna de las incógnitas se ha despejado. Entre otras cosas, porque ni siquiera está claro que el líder del PP se vaya a someter a la investidura si no cuenta antes con los apoyos necesarios para sacarla adelante. Rajoy se escuda para ello en que el jefe del Estado debe ser el primero en conocer su decisión. En esa ronda de consultas con el rey pueden estar algunas claves sobre lo que suceda en el futuro. Lo previsible es Felipe VI vuelva a encargar a Rajoy la formación de Gobierno. Y este tendría mucho más difícil en esta ocasión declinar el ofrecimiento. Pero también el tono de la entrevista de Pedro Sánchez con el monarca puede acabar siendo decisivo si, como es previsible, este hace una apelación a evitar a toda costa una nuevas elecciones.

De momento, el siguiente paso de esta partida será la reunión que celebren previsiblemente esta semana Rajoy y Sánchez. Es seguro que ningún tipo de acuerdo saldrá de allí, pero de la firmeza que aprecie Rajoy en la negativa a facilitar ni ahora ni más tarde su investidura dependerá la decisión que tome el líder popular. Ahora mismo, en el PP están convencidos que la rotundidad con la que el PSOE asegura que votará no y seguirá haciéndolo es una forma de presionarle, aunque finalmente acabarán absteniéndose o facilitando su investidura con la ausencia en la votación de algún diputado socialista.

Si esa confianza de Rajoy acaba tornándose en convencimiento de que los socialistas llevarán su órdago hasta el final, es más que probable que no se presente a la investidura, sabedor de que en unas terceras elecciones obtendría muy probablemente un resultado aún mejor que el del 26J y Sánchez, al contrario, pagaría cara su postura de no dejar gobernar al PP pero no intentar tampoco gobernar él mismo.

Y ahí está otra de las claves de este juego. Sánchez se limita a dar por hecho que Rajoy acabará gobernando y que el PSOE estará en la oposición. Pero no dice nada sobre qué es lo que haría si eso no sucede. Ante un hipotético doble fracaso de Rajoy en la votación de investidura, Sánchez podría esperar que el rey le inste a intentar formar Gobierno precisamente para evitar la celebración de unas terceras elecciones. Y él mismo podría activar esa presión a Podemos y a Ciudadanos, instándoles a superar, por el bien de España, el veto mutuo que mantienen hasta ahora para pasar a formar un Ejecutivo tripartito que dispondría de una amplia mayoría absoluta de 188 diputados. Ese mismo argumento, el de evitar unas terceras elecciones, podría servirle a Sánchez para superar las reticencias mostradas por algunos socialistas como la andaluza Susana Díaz a cualquier tipo de pacto con Podemos.

Rajoy y Sánchez mantienen por tanto una tensa partida de póker sin querer mostrar sus verdaderas intenciones. De momento, tienen tiempo para ello porque el reloj no empieza a correr hasta que se celebre una sesión de investidura. Será a partir de ese momento cuando todo se acelere, porque desde entonces solo dispondrán de dos meses para evitar nuevas elecciones.