Algunos dirigentes alientan la posibilidad de un acuerdo con Podemos y Ciudadanos si Rajoy fracasa, contra el discurso oficial del partido y de la mayoría de los barones
07 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Nunca ha dicho abiertamente que renuncia a formar un Gobierno alternativo al de Mariano Rajoy, entre otras cosas porque no ha hecho declaraciones públicas desde la noche electoral, pero esa es a priori, y según fuentes de su entorno, la posición de Pedro Sánchez. El secretario general del PSOE, que ha iniciado esta semana una ronda de conversaciones con los líderes territoriales de su partido para tantear su posición de cara a la investidura, se topó ayer, sin embargo, con dos opiniones en sentido contrario, la del primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, y la de la presidenta de Baleares, Francina Armengol.
La dirigente isleña fue la primera en abrir el fuego y la más contundente. Ningún socialista con responsabilidades institucionales había defendido hasta ahora que si Rajoy fracasa en su intento de lograr un Ejecutivo su líder deba intentarlo; al contrario, el mensaje de la mayoría de los presidentes autonómicos y de la propia dirección del partido, por boca de su portavoz, Antonio Hernando, era el de que los ciudadanos han decidido mandarlos esta vez «a la oposición».
En Ferraz insisten, de hecho, en que la única vía para que Pedro Sánchez sea presidente del Gobierno está cegada, que en sus planteamientos solo cabía un acuerdo transversal con Ciudadanos y Podemos y que, además de que tras el 26 de junio suman menos de lo que sumaban tras el 20 de diciembre, ambas fuerzas han dejado claro que se vetan mutuamente, aunque ahora Pablo Iglesias parezca matizar su rechazo.
La diferencia entre Armengol y la dirección federal es que ella, que gobierna con los soberanistas de Més, no comparte los recelos a un pacto con formaciones independentistas. «En un sistema parlamentario, si no lo consigue la primera fuerza lo lógico es que lo intente la segunda», argumentó después de entrevistarse con el secretario general. ¿Con quién? En eso ya no entró. «No me toca hacer las probabilidades numéricas», adujo. Tampoco relató cuál fue la respuesta de Sánchez a su planteamiento. Aunque fuentes oficiales aclararon que la opinión de la balear es personal. «Será tras escuchar a todos los secretarios generales, en el comité federal del sábado, donde Pedro Sánchez haga una exposición pública y se fije la posición del partido», replicaron.
Presión y ruido
El caso es que la postura de Armengol, secundada parcialmente por Iceta -«si Rajoy no logra los apoyos yo preferiría explorar otras posibilidades», dijo-, les permitiría rebajar la presión que los socialistas están recibiendo del PP y de otras fuerzas políticas como el PNV para que sean ellos, con una abstención a Rajoy, quienes eviten unas terceras elecciones. Permite esgrimir, de alguna manera, que no es cierto que estén ante un callejón sin salida y les ayuda a trasladar la responsabilidad al resto. Sin embargo, genera ruido interno. No hay nadie en el PSOE, salvo el extremeño Guillermo Fernández Vara, que admita en público que, en última instancia, están dispuestos a facilitar que el PP gobierne si después de intentarlo con formaciones más cercanas a su espectro ideológico Rajoy se ve a bocado a tirar la toalla. Pero la opinión más extendida es que quizá a Sánchez no le quede más remedio que tomar esa «decisión de vértigo» (en palabras del castellano-manchego, Emiliano García-Page.) Y si lo hace, nadie de los suyos podrá culparle.
Si, por el contrario, cayera en la tentación de intentar llegar a la Moncloa, con cinco diputados menos de los que tenía hace un mes, sería difícil evitar la bronca, como ya ocurrió en los primeros meses de este año. «El PSOE lo que tiene que hacer es actuar de una manera clara y siendo la oposición, que es lo que nos han dicho los ciudadanos», insistió ayer el valenciano Ximo Puig, aun sin descartar nada a la salida de su reunión con Sánchez.
García-Page, que finalmente se reunirá con el secretario general mañana, no negó que haya una mínima posibilidad de lograr un pacto transversal, pero advirtió en la Ser que es tan pequeña que es «absurdo» alentarla.