No saldré sin mi papeleta


Nunca la austeridad tuvo tanto respaldo. Al menos en la teoría que vomitan cada día los argumentarios de los partidos y las proclamas de los políticos en las diferentes tribunas televisivas y digitales: la repetición de las elecciones debe aparejar una reducción de los gastos de la nueva campaña electoral.

Lo dijo el rey. Y supuestamente en este asunto sí van a hacerle caso. Aunque solo se han puesto de acuerdo un poquito. Las víctimas propiciatorias, los corderos que irán al matadero, son los icónicos carteles electorales. Las calles respiran. Pero no hay pacto -una vez más- sobre el techo de gasto total, que es lo que debe importarnos (siempre hay que mirar las cuentas con cierta perspectiva). Y mucho menos sobre el mítico buzoneo, un arma política muy poderosa aún en plena era digital. Defendida con uñas y dientes por el PP y el PSOE. El teórico cleavage (fractura) generacional electoral existe. Y los partidos tradicionales de la política española lo demuestran, una vez más, con su postura ante este asunto.

Hay votantes que desdeñan la publicidad electoral y la envían directamente a la papelera. Pero otros muchos el 26J no saldrán de casa sin su voto en el bolso o en la mano. La habrán metido ellos en el sobre o se la habrán dado así, bien cerradita, para que la democracia vuelva a triunfar.

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