El lapsus


En Psicopatología de la vida cotidiana, Sigmund Freud atribuía los lapsus, expresiones fallidas al hablar o escribir, a una manifestación del inconsciente, el espacio de los deseos reprimidos. Y da la impresión de que a la cúpula de Podemos le ha traicionado el inconsciente. Es lo que tiene elaborar un programa tan extenso de forma tan apresurada para intentar ganar la batalla de los medios. Las prisas hacen que se relajen los controles y se filtren las verdaderas intenciones. Como la de introducir criterios políticos en la selección de los principales cargos del poder judicial. Un ataque en toda regla a la separación de poderes. Otros lo han intentado con todo tipo de subterfugios, pero nadie había tenido la osadía de ponerlo por escrito. Y algo así no es un error ni una equivocación. En el mejor de los casos, es una reminiscencia de viejas querencias chavistas que aún no ha depurado del todo en su viaje hacia la socialdemocracia nórdica, un horizonte que, visto lo visto, todavía le queda lejano, muy lejano. En todo caso, con su propuesta queda descalificado como adalid de la regeneración democrática que pretende abanderar. No es suficiente con elaborar un discurso al gusto del consumidor y del clima de la opinión pública. Eso es fácil para un grupo de profesores universitarios. Lo complicado es mantener la coherencia entre principios, declaraciones y acciones del día a día. La credibilidad tarda en ganarse y se pierde con un solo fallo. A otros les ha pasado y nadie es inmune a la realidad. Ni Podemos.

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