El ministro del Interior la lía al vincular un Ejecutivo PSOE-Podemos con ETA
11 feb 2016 . Actualizado a las 08:44 h.Había pocas posibilidades de entendimiento entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en su reunión de mañana, pero ahora no hay casi ninguna. El presidente del Gobierno acusó el miércoles al líder socialista de desmarcarse de uno de los consensos básicos de la pasada legislatura, la defensa de la unidad de España ante el desafío secesionista de Cataluña. El secretario general del PSOE habría roto este acuerdo, según Rajoy, con su pretensión de formar Gobierno con Podemos y ayudado por los separatistas. No fue un calentón verbal del jefe del Ejecutivo en la reunión con los senadores del PP. Distintos miembros del Gobierno lanzaron en un intervalo de horas serias descalificaciones en el mismo sentido.
El presidente consideró que la mejor prueba de que el candidato socialista a la investidura ha abandonado la unidad constitucionalista es que en el documento del PSOE para la negociación «no habla para nada del problema más importante que tiene España, la amenaza independentista de Cataluña». Rajoy también llamó la atención sobre el hecho de que Sánchez no fije entre sus grandes principios el rechazo al derecho de autodeterminación, algo que es «una enorme irresponsabilidad» y que, en su opinión, es un peaje a Podemos para sellar un pacto. En cambio, prosiguió el presidente, despacha «en un renglón» la reforma de la Constitución. Una parquedad, a su juicio, que esconde sus no publicitadas intenciones. Pero Sánchez, prosiguió, no va a llevar a cabo sus planes con la Carta Magna porque «no tiene votos» para cambiarla sin el PP, y esa colaboración no la va a tener. Los populares pueden bloquear en el Congreso la creación de la ponencia de reforma constitucional porque su aprobación requiere el apoyo de dos tercios de la Cámara y el PP, con sus 123 escaños, tiene seis más que la minoría de bloqueo. Además, cuenta con mayoría absoluta en el Senado para congelarla.
«Lo sensato y razonable», dijo, es la alianza de PP, PSOE y Ciudadanos que él mismo propuso desde el día siguiente a las elecciones, y no «la broma» de los socialistas con «los populistas» de Pablo Iglesias y «los separatistas». Su propuesta, subrayó Rajoy, es «la democrático» porque refleja el voto de los ciudadanos; «la otra no lo es», dijo, es una amalgama de «discrepancias ideológicas y de interés dispares» que hará imposible gobernar.
Rajoy tampoco dejó una rendija al acuerdo del PSOE con Ciudadanos porque para que fructifique necesita el apoyo o, al menos, la abstención de los populares. El PP, aseguró, «no va a entrar en ese juego» y no va a votar a favor de la investidura de Sánchez ni se va a abstener. El único Gobierno posible, insistió, debe «estar presidido por el PP». Resultó llamativo que no individualizará en él mismo, pero fuentes del partido recomendaron no sacar conclusiones de esa elusión porque Rajoy es y será el candidato del PP.
«Agua de mayo» para ETA
Nada más acabar su áspero discurso, uno de sus colaboradores, el secretario de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, leyó en las palabras del presidente que planteaba una disyuntiva al candidato socialista: «ser un traidor a su país» si pacta con Podemos, o un «fracasado político» si no lo logra. Antes de su intervención fue el ministro del Interior el encargado de cargar las tintas y alertó de que el entendimiento de los socialistas con el partido de Pablo Iglesias y el PNV será «letal» para España, pero sería «agua de mayo» para ETA porque conlleva «una agenda oculta» que, entre otras medidas, incluye el acercamiento de los presos terroristas al País Vasco. Estas palabras provocaron un alud de críticas de todos los partidos y el PSOE exigió explicaciones urgentes en el Congreso.
Rajoy no quiere ningún acuerdo con Sánchez, salvo que se subordine a sus planes. Como es consciente de que no lo va a hacer, añadieron, intenta dibujar el peor de los futuros si fructifica el acuerdo con Podemos con la esperanza de que sea el propio PSOE el que frene el pacto para ir a unas nuevas elecciones.
Evita las preguntas sobre Rita Barberá y pasa de puntillas sobre los temas de corrupción
No iba a haber foto de grupo, pero Mariano Rajoy se sintió más aliviado al saber que Rita Barberá no iba a acudir a su reunión con el Grupo Popular en el Senado. La exalcaldesa de Valencia no asistió y el presidente del Gobierno tampoco la mencionó en un discurso en el que dedicó al capítulo de la corrupción apenas unos segundos.
Un día después de que la dirección del PP decidiera blindar el aforamiento de Rita Barberá al designarla miembro suplente de la Diputación Permanente, Rajoy se reunió con los senadores populares y sorteó el caso de la que fuera uno de los principales referentes de su partido y que ahora está en el centro del huracán por un caso de blanqueo de dinero en el Ayuntamiento que gobernó durante 24 años. Rajoy fue preguntado a la entrada y a la salida de la reunión por Rita Barberá; primero, dio la callada por respuesta, y después dijo «buenos días». La única alusión a la corrupción que hizo Rajoy fue para situar la lucha contra esa lacra en uno de los cinco objetivos que debe tener el próximo Gobierno. Defendió su labor en ese terreno porque, aseguró, en la pasada legislatura tomó «muchas decisiones», algunas «muy duras», para hacer frente a ese fenómeno. Además se vanaglorió de haber «permitido» a las fuerzas de seguridad y la Fiscalía luchar sin ataduras contra los casos de corrupción. Se mostró dispuesto asimismo a escuchar nuevas propuestas de otros siempre que se hagan «desde la buena fe». Fin. No habló más del asunto.
Solo el expresidente de la Comunidad Valenciana, Alberto Fabra, reconocido rival de la exalcaldesa y también senador, levantó la voz para decir que es «difícil creer» que Rita Barberá no supiera nada de lo que sucedía en su grupo municipal. Unas palabras que elevaron la temperatura del enfado de Rita Barberá, quien trasladó a la dirección su malestar porque se siente poco defendida por su partido.