La infanta aterriza en el juicio

Cristina de Borbón deja de lado la pose hierática de la primera jornada y se mete de lleno en la vista oral


Colpisa

Tampoco es que fuera especialmente expresiva pero, desde luego, nada que ver con lo que ocurrió hace un mes cuando durante casi quince horas logró mantener un gesto hierático, como si en realidad estuviera a miles de kilómetros de la sala. Cristina de Borbón aterrizó finalmente en el juicio del caso Nóos. Se mostró mucho más relajada que en la sesión de cuestiones previas del pasado 11 de enero, conversó con otros imputados y siguió con bastante interés la vista en la que se enfrenta a ocho años de cárcel.

No hubo sonrisas. Pero sí que se vieron expresiones en su rostro. Como la de agradecimiento cuando la mujer de Diego Torres, Ana María Tejeiro, sentada delante suyo, le ofreció un caramelo. La infanta rechazó el dulce, pero hizo un gesto hacia la mujer con la que hace años compartía sobremesas en largas cenas de matrimonio.

Cristina de Borbón se atusó el pelo, cambió de postura, miró al público, movió la cabeza, casi se le atisbó un bostezo... un comportamiento absolutamente normal que, sin embargo, fue imposible ver en su visita en enero, cuando quizás pensaba que jamás volvería a pisar el polígono Son Rossinyol porque la doctrina Botín le iba a librar.

Se le vio cómoda en el banquillo, incluso hizo migas con el imputado más cercano, el supuesto cerebro de la trama internacional de Nóos, Salvador Trinxet. Habló con él en muchos momentos de la vista, aunque es probable que ambos no se conocieran antes del juicio.

La infanta escuchó con mucha atención las graves acusaciones de Pepote Ballester (quizás por que a este sí que lo conocía, y mucho) contra su marido. No llegó a torcer el gesto. Es cierto. Pero en su rostro se adivinó cierto reproche a la traición del amigo de su esposo con el que compartió éxitos en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. La infanta, incluso, escudriñó las pantallas de plasma de la sala cuando en ellas se mostraban documentos técnicos que apuntalaban la tesis de que su marido se hizo con negocios millonarios solo por eso, por ser su marido.

Cristina de Borbón se mostró más interesada en lo que pasaba en el juicio que su propio esposo. Iñaki Urdangarin, como hiciera en la jornada de la vista en enero, se dedicó a compadrear con Diego Torres. Por momentos, los dos exsocios parecían estar más centrados en sus cuchicheos que en las palabras del arrepentido Pepote.

Solo veinte minutos para intentar contrarrestar las graves acusaciones al exduque

 «Sigue sin sacar el conejo de las chistera». El comentario fue casi unánime en los juzgados de Palma de Mallorca. Cinco años después, Mario Pascual Vives, el letrado de Iñaki Urdangarin, sigue sin dejarse los pelos en la gatera para intentar sacar a su cliente de un atolladero que le puede costar dos decenios en la cárcel. 

El abogado, que durante la instrucción se mantuvo prácticamente inactivo y que no ha conseguido pacto alguno con la Fiscalía en busca de reducir la petición de pena para su cliente, tampoco tuvo su día ayer. Después de escuchar más de cuatro horas a Pepote Ballester decir cómo Urdagarin se hizo con millones de euros públicos, el letrado no hizo siquiera una sola mención a los dos grandísimos pelotazos que se atribuyen a su cliente, los Illes Balears Forum de los años 2005 y 2006. Ni palabra. Ni intento siquiera. 

Solo dedicó veinte minutos de unas preguntas extrañas, a ojos de los presentes en la sala. Tampoco un alegato o una pregunta intencionada para intentar justificar que el Instituto Nóos era una fundación sin ánimo de lucro y que, por lo tanto, podía ser beneficiaria de adjudicaciones sin concursos, como fija la ley para las sociedades mercantiles. Una vez más, Vives fue Vives. No hubo ningún número de magia que aleje a Urdangarin de una larguísima temporada entre rejas. Pero tampoco al duque se le vio muy preocupado.

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