De mantenerse la fractura, podrían dejar la decisión sobre Mas a sus parlamentarios
03 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Mas o març (marzo). Los miembros del consejo político de la CUP tienen en sus manos la posibilidad de poner en marcha la legislatura que el secesionismo espera concluir dentro de 18 meses con la proclamación de la independencia o paralizar el proceso y que la ciudadanía vuelva a tomar la palabra en unas elecciones en marzo. Y llegan a la decisiva reunión de hoy al borde del cisma y tan divididos como hace una semana. Aunque no hay datos oficiales, los pocos que se conocen de las trece asambleas territoriales celebradas ayer muestran una ligera ventaja de los partidarios del no a Artur Mas, una diferencia muy amplia en el caso de Barcelona (80 % en contra de la investidura), ligera en Tarragona y el Penedés (60 %) e igualdad máxima en el resto. Además, cada asamblea local tiene distinta representación en el consejo.
Después del empate registrado en la asamblea de la formación anticapitalista celebrada hace una semana en Sabadell, 68 miembros territoriales de la izquierda radical independentista votarán hoy para deshacer la igualdad entre los que apoyan la investidura de Artur Mas como próximo presidente de la Generalitat y los que vetan su reelección. El consejo político, que agrupa a los representantes de las trece asambleas locales del partido, debe decantarse entre dos opciones que marcarán el futuro de Cataluña. O apoyar la investidura de Mas a través de dos votos a favor y ocho abstenciones o dar por finiquitada la undécima legislatura, mediante diez abstenciones o cinco votos a favor y cinco en contra.
Antes de la gran decisión, las agrupaciones territoriales se reunieron ayer para definir su posición. Todo hace presagiar que, como el domingo pasado, la igualdad será máxima porque el partido está dividido en dos. Uno de los diez diputados de la CUP, Julià de Jódar, afirmó ayer que un nuevo empate no sería nada improbable, aunque en esta ocasión la cúpula anticapitalista se ha conjurado para no concluir el cónclave hasta que haya una postura firme. No es descartable, en cualquier caso, que quienes tengan que tomar la última decisión sean los diez diputados durante el pleno de investidura.
La última semana
Mas tiene hasta el próximo domingo para cerrar su elección y, a tenor de cómo han transcurrido los tres últimos meses de negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP, casi todo es posible. El propio De Jódar hizo ayer autocrítica y por lo que pueda pasar ya puso la venda antes que la herida. «Lamento que no haya habido más sentido de Estado, más generosidad y más altura de miras para haber acabado esto antes y de una manera más feliz, que no acabar en esta situación agónica y dramática».
Agónica está siendo, sobre todo, para Mas, que lleva tres meses negociando con la CUP y desgastando su crédito político con cesiones que ni los suyos entienden, y que sigue sin saber si podrá liderar su tercera legislatura como presidente. Pase lo que pase en el cónclave cupero, las perspectivas no son nada halagüeñas para el líder nacionalista.
Si los anticapitalistas apuestan por elecciones, Mas lo tendría muy complicado para poder volver a presentarse. Su partido está en una situación muy delicada, castigado por la corrupción y se enfrenta a un congreso refundacional, del que tendría que salir el líder de los próximos años. Las elecciones cogerían a Convergència en claro retroceso -hoy tiene la mitad de diputados que hace tres años- y a Esquerra y Podemos como marcas al alza y flirteando un posible tripartito de izquierdas con la CUP.
La situación no se barrunta menos complicada para Mas en caso de que la CUP acabe apoyando su elección. Y es que, en un año, el presidente de la Generalitat deberá someterse a una moción de confianza, que difícilmente superará, salvo que culmine la ruptura con el resto de España y ponga en marcha la Hacienda y la Seguridad Social catalanas, empresas que a día de hoy se antojan casi imposibles de poder llevar a cabo en tan poco tiempo y además con la oposición frontal del Estado, que ya ha dejado claro que no permitirá a Mas por la vía judicial y financiera dar pasos hacia el Estado propio. El dirigente convergente gobernaría además en minoría, ya que el apoyo de la CUP sería solo para la investidura y no podría aprobar ni presupuestos ni leyes de calado sin el visto bueno de los anticapitalistas.