Todo está muy bien... o no tanto


Fiel a su estilo, cuando se le preguntó por su disposición a participar en debates electorales, Rajoy respondió que se someterá «incondicionalmente» a lo que le diga su jefe de campaña... «o no tanto», matizó. Es decir, un sí pero no, o un no pero sí. Como siempre, todo tiene más de una cara, incluido cuanto dijo ayer el presidente. Porque lo que obvió y lo que calló vale tanto o más que lo que afirmó. Los indicadores que apuntan una mejoría de la economía son tan ciertos como los que dejan entrever que los riesgos no han desaparecido, los que muestran que la ganancia de competitividad exterior se apoya no en una mejora de la productividad sino en una devaluación salarial y en la precarización del empleo que se crea, y que la creciente desigualdad hace que para muchos la recuperación económica solo sea una ilusión.

Al final, tan importante es lo que se ha conseguido como lo que se ha sacrificado para lograrlo. Incluida la renuncia a prestar la atención debida a asuntos tan trascendentales como el de Cataluña. Porque no todo es economía, aunque lo parezca. Rajoy ha sometido los plazos a su interés electoral. Y eso tiene un coste. Es sintomático que disuelva las Cortes el mismo día que se constituye el Parlamento catalán. Los secesionistas van a iniciar su desafío con el resto de España en una interinidad política que durará al menos tres meses. El Gobierno está plenamente operativo y, según lo que Rajoy aseguró ayer, preparado para responder. Cierto también que las diputaciones permanentes mantienen vivas las cámaras. Pero no es lo mismo, como no lo es que haya que afrontar un problema que requiere consenso en medio de una campaña electoral, es decir en pleno fragor de la batalla.

Rajoy ha abusado de la mayoría absoluta durante toda la legislatura y se ha amparado en ella para centrarse en los asuntos que le han interesado, y de la manera que ha querido, y obviar otros. Como la corrupción, sobre la que ayer pasó de puntillas. No ha hablado con nadie y ahora puede pagar su soledad. Gobernar como digan los ciudadanos no es que necesariamente gobierne la lista más votada. Puede defender esa postura con variados argumentos políticos, pero no despreciar como antidemocráticos los pactos alternativos. Los electores eligen un Parlamento, y cuando este resulta fragmentado y plural, como parece que será, la voluntad popular se respeta con más de una fórmula. Pero es importante que los partidos vayan definiendo sus aliados preferidos y el alcance de sus eventuales alianzas. Porque, ciertamente, no todo vale y lo que no se puede es engañar a los ciudadanos aceptando después extraños compañeros de cama.

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