La independencia como monotema

Junts pel Sí dice que impulsará la sucesión si obtiene mayoría de escaños, pero el proceso quedaría debilitado y abriría grietas en el bando separatista

Miembros de la candidatura Junts pel Sí, durante un acto electoral en Lérida.
Miembros de la candidatura Junts pel Sí, durante un acto electoral en Lérida.

madrid / la voz

Artur Mas se ha puesto un listón muy bajo, incluso provocador por no ser homologable con ningún proceso soberanista de los que han tenido lugar en el mundo. Para seguir adelante con su hoja de ruta hacia la independencia le basta la mayoría de los escaños del Parlamento, sumando los que obtengan Junts pel Sí y la CUP. Pero se abren diferentes escenarios según sean los resultados el 27S, siempre dando por hecho que los independentistas lleguen a la mitad más uno de los diputados, como prevén las encuestas. Si no es así, el proceso descarrilaría.

Primer escenario

Mayoría con la CUP: Mas, en dificultades. La media ponderada de los sondeos publicados otorgan a Junts pel Sí entre 63 y 64 asientos parlamentarios, sin llegar a la mayoría absoluta, que son 68. La CUP obtendría 9 y tendría la llave del proceso. En este escenario Mas quedaría muy tocado. El candidato de la formación izquierdista, Antonio Baños, ha anunciado que no le votarán en la investidura, pues prefieren al ecosocialista Raül Romeva como presidente de consenso. Teniendo en cuenta que en el 2012 CiU y ERC lograron 71 escaños yendo por separado, sacar menos unidos sería un retroceso y, por tanto, un fracaso para Mas. Dar por hecho que se retiraría para dejar paso a otro presidente es ir demasiado lejos. El precedente de hace tres años, cuando adelantó las elecciones con el objetivo de lograr una «mayoría excepcional» muestra su apego al cargo: perdió 12 diputados y no dimitió.

Segundo escenario

Mayoría absoluta de escaños de Junts pel Sí: Gana Mas. Pero si Junts pel Sí logra la mayoría absoluta, que solo da una encuesta como máximo de la horquilla 65-70, Mas saldría muy reforzado, como líder indiscutible del proceso independentista.

Tercer escenario

Mayoría absoluta de votos: alerta roja. No se puede descartar tampoco que las dos listas independentistas superen la barrera del 50 % de los sufragios. El promedio de las encuestas les dan un 47 %, pero varias, incluida la de Sondaxe para La Voz, muestran que están al borde de la mayoría absoluta. Aunque la secesión nunca sería legal y el Gobierno reaccionaría ante cualquier movimiento en ese sentido, recurriéndolo ante el Tribunal Constitucional, aplicando la reforma del mismo que está tramitando en la Cortes o aplicando el artículo 155 de la Constitución, que prevé la intervención de la autonomía, se crearía una situación política altamente peligrosa. Mas podría aducir que ha superado el listón que se exigió por ejemplo en Escocia.

Amalgama

Del centro a los antisistema. Lo único que une a los integrantes de Junts pel Sí es el objetivo de la independencia. De hecho, Mas, Junqueras y Romeva solo tocan este monotema. La distancia política entre la centrista CDC de Mas y la antisistema CUP, que aboga por la salida de la UE y del euro, es sideral. ERC está en el medio de ambas. Esto significa que esa unidad de acción puede flaquear o incluso romperse si Junts pel Sí y la CUP no superan la mitad de los votos. Baños ha dejado claro que es imprescindible sobrepasar esa cota porque si no es así el proceso no puede continuar. El propio Romeva admitía ayer que sin esa mayoría de votos el proceso sería más difícil y menos vendible al extranjero.

Artur Mas logra su objetivo de ocultar su gestión y no hablar de la corrupción

Artur Mas está logrando lo que se proponía al escabullirse en el puesto número 4 de la llamada lista unitaria. No da explicaciones ni rinde cuentas de lo que ha hecho en su mandato, en especial de los durísimos recortes en sanidad, educación y políticas sociales, y pasa de largo de la corrupción, del 3 %, el caso Pujol o las sedes de CDC embargadas. Solo un monotema, la independencia. Y sin dar la cara en los debates de televisión, en los que sus seis adversarios se le habrían tirado al cuello. Para eso está Raül Romeva, quien se ha prestado al juego de ser un cabeza de lista que actúa de pararrayos. Durante la campaña Mas se está limitando a responder a las advertencias que han lanzado la banca, las grandes empresas, el gobernador del Banco de España o el propio Gobierno y a fajarse con sus rivales, desde luego con Mariano Rajoy, pero también con Pablo Iglesias, sabedor de que Catalunya Sí que es Pot es su principal rival para restarle votos. Ha llegado a desempolvar incluso la «España de Aznar» como espantajo imaginario al que derrotar. Y defiende una secesión «de buen rollo», ante el estupor general, al tiempo que amenaza con no pagar la deuda. Por su parte, Oriol Junqueras está manteniendo un perfil bajo, a excepción de su duelo de ayer con el ministro García-Margallo, a la espera de que las urnas marquen el camino a seguir, que podría pasar por el relevo de Mas de la presidencia. Incluso se ha especulado con la formación de un tripartito «de progreso» ERC-CUP-Catalunya Sí que es Pot.

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