Charnegos por la independencia

Junqueras conquistó a los inmigrantes de San Vincenç dels Horts, donde es alcalde; allí nació la plataforma Súmate, de ciudadanos soberanistas que hablan español

Pancarta de la Assemblea Nacional Catalana en Sant Vicenç.
Pancarta de la Assemblea Nacional Catalana en Sant Vicenç.

La Voz en Barcelona

No sería justo decir que en Sant Vicenç dels Horts empezó todo esto. Pero sí mucho. Durante los últimos años, Oriol Junqueras ha recorrido Cataluña como si fuera la orquesta París de Noia en pleno agosto. Cada semana lanzaba discursos en casas de cultura y en locales de asociaciones vecinales. Mientras Artur Mas machacaba con el «España nos roba», la hormiga Junqueras hablaba pacientemente de gestión. Concretamente, de su gestión como alcalde en un municipio del valle del Llobregat, de casi 30.000 habitantes, en su mayoría emigrantes o descendientes de estos. El público escuchaba cómo el regidor de Esquerra Republicana había logrado conquistar a los charnegos. Hasta inmigrantes daban fe de ello con sus propias intervenciones. Anxo Quintana y el BNG vendían en su día las bondades de Allariz. San Vincenç fue el ejemplo de Junqueras, el punto de apoyo que usó el líder soberanista para levantar a su partido.

En el pueblo presumen de Semana Santa. Tienen una procesión del silencio, muy catalana, y otra con saetas, muy andaluza. Y hay una fuente sin nombre a la que los madridistas han bautizado como la Cibeles. Ahí se festejan los triunfos del Real Madrid y de la selección española. Cuentan con un establecimiento especializado en pinchos morunos y rabo de toro y un restaurante gallego, el Rías Baixas, que ofrece desde marisco a oreja. En la sede de la peña madridista una fotografía enmarcada de Florentino Pérez recibe al visitante. Delante de la barra se bromea sobre las nuevas fronteras de una Cataluña independiente.

El 37 % de los votantes

El 80 % de los vecinos hablan castellano. En las elecciones europeas una de cada cuatro papeletas fueron para la lista encabezada por Esquerra. Y el 37 % votaron en los últimos comicios locales a Junts X Sant Vicenç-ERC, la coalición liderada por Junqueras, que afronta su segundo mandato. El gobierno local presume de políticas sociales y de haber elevado el nivel educativo. Su problema, el paro, el más alto de toda el área del valle. Antes fracasó un bipartito formado por el PSC y el PP. Muchos dicen que ese fue un gran trampolín para el soberanismo.

Manolo Ortega reconoce que durante años «ha habido un muro entre catalanes y no catalanes en el área metropolitana de Barcelona», que fueron conociéndose poco a poco. A Ortega lo delata su acento. Padre de Loja (Granada) y madre de Vélez (Málaga). Es madridista y seguidor de la selección española. También es el segundo teniente de alcalde de San Vincenç. Responsable de las áreas de Hacienda, Economía y Recursos Humanos. Lo dice con orgullo. «Porque yo trabajaba de operador de cable», cuenta. Asegura que forma parte de un grupo que hasta hace poco no encontraba su sitio, que se sentía entre dos orillas. Parecía que el debate político no iba con ellos. No conectaban con el discurso identitario. Pero dice que todo eso ha cambiado. Y que el conflicto del Estatuto y la primera gran Diada tuvo mucho que ver. «Vimos que no eran radicales. Iban con sus niños, de forma pacífica», apunta. Ortega, que antes fue militante de UPyD, cuenta que «el descontento por el agravio» fue el germen de Súmate, una plataforma por la independencia, pero de ciudadanos que hablan en castellano, que es el idioma que utilizan en su página web. Brotó en San Vincenç. En su manifiesto apoyan la construcción de «un nuevo país» y critican la «destrucción del estado de bienestar». Como Junqueras, organizan pequeños actos, charlas y aperitivos, por toda Cataluña.

Ortega forma parte de la directiva. Dice que ahora más de cuatrocientos socios pagan su cuota y más de mil personas colaboran con la asociación en diferentes actividades.

En aquellas primeras reuniones estuvo también la gallega Begoña Amado. Tiene 42 años. Cuando llegó a Cataluña, hace once y «por amor», ni se lo imaginaba. «Oía hablar de independencia y me parecía surrealista. No lo entendía ni me interesaba entenderlo. Hasta que fui viendo que las cosas eran injustas», explica. «Mi madre, que vive en Vigo, me hablaba de ordenadores gratuitos para los niños. Yo aquí pago la mitad. Dentista gratis hasta los 14 años. Aquí no. Yo pensaba que éramos todos iguales. Solidaridad, sí. Injusticia, no. Quiero pagar mis impuestos aquí, en Cataluña», añade. Ella también se sintió traicionada con el Estatuto. «Me hirió mucho, no lo esperábamos», reconoce. Piensa que si en su momento se hubiera negociado un pacto fiscal, las cosas serían diferentes. «No estaría tanta gente en la calle», afirma.

«Pasar a otro tema»

¿Y los catalanes de Sant Vincenç? Núria Ojer Marcè, de 27 años, dice que se siente a gusto en su pueblo, en el que vive y trabaja. Cree que el último gobierno local «ha escuchado más a la gente» que los anteriores, con más sensibilidad hacia el ocio y la cultura». Le gustaría que ganara la lista de Junts pel Sí en las elecciones del domingo. «Lo que quiero es saber es qué piensan los catalanes. Pero después de votar también considero que hay que pasar a otro tema, porque le hemos dado demasiado bombo a esto. Hay otras prioridades», considera.

«Muchos queremos la doble nacionalidad»

Begoña Amado, de Súmate, se declara «catalana, española y gallega». No lo considera una contradicción. «Ni Mariano Rajoy sabe cómo funciona la nacionalidad española. Somos muchos los que vivimos aquí y queremos tener la doble nacionalidad», explica.

Defiende la inmersión lingüística. «No entiendo que haya gente que se oponga a que nuestros niños aprendan el catalán. Un idioma siempre te aporta una riqueza, una cultura», cuenta. Pero cree también que «hay que cuidar el castellano, una lengua que hablan millones de personas en todo el mundo». Le gusta cuando en un patio de colegio escucha a los niños desenvolverse en los dos idiomas.

E insiste en que una cosa son los españoles y otra el Gobierno de Madrid. «Ya sé que es difícil verlo desde fuera de Cataluña, pero nosotros no estamos contra los españoles», apunta esta gallega.

«¡Viva España!»

Cuenta que recientemente, en un acto, la recibieron a gritos de «¡Viva España!». «Pues que viva», respondió. «Es que a mí no me pueden insultar llamándome española. España es un lugar maravilloso», añade.

Le hubiera gustado un referendo «como se hizo en Escocia». Y cree que el domingo ganará la opción soberanista. «Pero si no sucede eso, estaremos muy contentos, porque se habrá votado democráticamente», concluye.

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