El engaño de siempre


Una vez más, Artur Mas volvió a esconderse tras la estelada para huir de la realidad. Da lo mismo quién esté en la presidencia de la Generalitat, da lo mismo que se llame Jordi o se llame Artur, la reacción es siempre la misma: intentar desviar la atención de las vergüenzas propias culpando a los demás, intentar negar las fechorías propias cargando contra el mensajero. La comparecencia parlamentaria de Mas repitió punto por punto la estrategia que ya utilizó hace treinta años Pujol para eludir sus responsabilidades en el caso de Banca Catalana: eludir las acusaciones haciendo ver que eran un ataque contra Cataluña. Una tergiversación que ha permitido a un defraudador fiscal confeso gobernar como héroe durante años y que generó un espacio de impunidad que ha propiciado el saqueo del dinero público sin escrúpulo alguno. Han tenido que pasar treinta años para descubrir la mentira de los Pujol. Confiemos en que no haya que aguardar otros tantos para desmontar el engaño de Artur Mas, el de la corrupción y el del proceso independentista. La alusión a la presunción de inocencia y las quejas por las filtraciones son ya un clásico al que recurren todos los partidos para negar la evidencia. Pero el tufo del 3 % ya apesta. Y justificar el secesionismo como respuesta a sus dificultades para dialogar con el Gobierno es una burla a la inteligencia. Es la estratagema de siempre, solo que antes era para obtener más concesiones y ahora es una burda excusa para mantener su alocada huida hacia el precipicio.

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