El pasado


«No me haga usted hablar del pasado». Así respondió Rajoy a una pregunta sobre la corrupción y la beligerancia con la que el PP se opuso en su día al nuevo Estatuto catalán. Solo quería hablar de futuro. Curioso en alguien cuyo argumento más socorrido a lo largo de la legislatura ha sido la herencia recibida. Tiene razón en que los políticos deberían estar para solucionar problemas y no para crearlos, para resolver el futuro y no para ajustar cuentas con el pasado. Ocurre que si se lo aplicara a sí mismo no pasaría la prueba del algodón. Pero ya se sabe que la mirada siempre es selectiva. Y no hay nada que le moleste más a Rajoy que intenten alterarle su discurso, el discurso único con el que lleva toda la legislatura. Lo que le molesta lo elude, aunque al esconder la cabeza bajo el ala contribuya a engordar la bola, como en Cataluña. Su obsesión es la economía, y se comprende. Pero su bonito decorado está sujeto por alfileres, aunque a él le baste que resista hasta las elecciones. Que en un país con más de cinco millones de parados, saque pecho porque haya 100.000 menos que hace cuatro años es muy triste. Y significativo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos

El pasado