Las guerras internas convierten en un polvorín la cúpula de la policía

La unidad más importante del cuerpo ha tenido cuatro jefes en tres años


madrid / colpisa

Nunca antes en la Policía Nacional habían brillado tanto los nombres propios como en la presente legislatura. Jamás antes en la institución la identidad de los comisarios y sus andanzas habían estado en boca de tertulianos y debates en los medios de comunicación. El ático que al final le ha costado la carrera a Ignacio González y las guerras intestinas aparejadas a esta investigación son solo el último caso en un cuerpo que parece más inestable y politizado que nunca. Demandas entre policías; de funcionarios a políticos y de políticos a agentes. Unos Asuntos Internos que hacen de todo menos investigar a funcionarios. Críticas descarnadas de políticos a la labor de los funcionarios. Cambios y más cambios entre la cúpula dedicada a los sumarios más sensibles de corrupción. Mandos policiales que aparecen en reuniones en las que no deberían estar?

En el caso Ático aparecen mucho de los personajes y las claves para internarse en esta casa de los líos. En abril del 2012, la policía destituyó de manera fulgurante al comisario Agapito Hermés de Dios, máximo responsable policial de Marbella, por investigar por su cuenta, y sin informar a los responsables de Interior, el origen del inmueble que ocupa en Estepona el presidente madrileño. Este le demandó ante un juzgado de Madrid por su «ilegal» investigación. Fue una maniobra inédita de un político contra un policía.

Poco después, tras solo seis meses en el cargo, era destituido el máximo responsable de la investigación del ático, el comisario general de Policía Judicial, José Enrique Rodríguez Ulla. La Comisaría General de Policía Judicial, la unidad más importante de cuerpo, se quedaba de nuevo huérfana. En lo que va de legislatura, hasta cuatro mandos policiales han ido pasando por esa jefatura, que se dedica a instruir los casos más delicados de corrupción.

El tándem Castaño-Villarejo

Antes de aquel torbellino de destituciones en cadena provocadas por el caso Ático, el 29 noviembre del 2011, todavía con el Gobierno de Zapatero en funciones, dos de los comisarios más poderosos de la policía, José Manuel Villarejo, de servicios especiales y Enrique García Castaño, de los servicios antiterroristas, mantuvieron la ya famosa entrevista con Ignacio González, en la que, según el presidente, intentaron «chantajearle» para encubrir una investigación «ilegal». De acuerdo a la versión de Villarejo, solo le pidieron pruebas de que el ático era suyo.

García Castaño y Villarejo ya se habían visto otras veces envueltos en asuntos políticos. Castaño fue el mando que soltó aquella famosa frase de «tranquilo, Baltasar (Garzón) es amigo» dirigida al exjefe de policía del País Vasco, Enrique Pamiés, entonces investigado por el chivatazo a ETA.

Villarejo, amigo íntimo de Agapito Hermés, terminó demandando por injurias al todavía presidente del Ejecutivo autonómico. González respondió acusando al policía de estar involucrado en todo tipo de asuntos turbios en los últimos años. No es la primera demanda en la que se ve envuelto Villarejo en los últimos meses. Una reciente denuncia por acoso sexual de una médico contra el financiero Javier López Madrid involucra en asuntos no demasiado claros y ni mucho menos comprobados al comisario. Él, por su parte, demandó hace unas semanas a Marcelino Martín-Blas Aranda, comisario de Asuntos Internos, después de que sus hombres le incluyeran en la investigación sobre el pequeño Nicolás. Asuntos Internos identificó erróneamente a Villarejo en una supuesta reunión con Francisco Nicolás, después de que el supuesto estafador confesara conocerle y haber trabajado con él para comprar al empresario Javier de la Rosa datos contra el clan Pujol. Villarejo niega conocer al Pequeño Nicolás y el joven afirma ahora que le obligaron en dependencias policiales a acusar al comisario. Lo cierto es que lo de Asuntos Internos no está nada claro. Interior sigue sin explicar por qué esta unidad, que en teoría solo tienen como misión la persecución de agentes corruptos, fue la encargada de investigar al Pequeño Nicolás.

«La CIA de Cosidó»

Asuntos Internos se ha convertido en una división casi secreta porque parte de sus agentes han sido destinados la Unidad de Planificación Estratégica y Coordinación creada por el director general, Ignacio Cosidó. Se trata de un órgano que debería dedicarse al análisis, pero que en realidad trabaja en labores muy parecidas a las del Centro Nacional de Inteligencia. De hecho se la conoce como «pequeño CNI» o la «CIA de Cosidó»,

Martín-Blas -a quien Villarejo acusa de haber espiado a Bárcenas por su cuenta, además de estar peleados a muerte por el caso Nicolas-, fue uno de los dos comisarios que en octubre del 2012, en plena campaña de las elecciones catalanas, se desplazó a Barcelona para tratar de «convencer» a los fiscales de que «resucitaran» la investigación del caso Palau. La persona que le acompañó en ese frustrado viaje era el también comisario José Luis Olivera, quien se convirtió el pasado enero en el miembro de las fuerzas de seguridad con más poder de toda España. Jorge Fernández le nombró director del nuevo Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, la fusión de las dos grandes instituciones de análisis en las que comparten datos la policía, la Guardia Civil y el CNI.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Las guerras internas convierten en un polvorín la cúpula de la policía