Un rotundo fracaso político presentado como un gran triunfo

G. B. MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

15 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Que el presidente de un Gobierno tenga que disolver dos veces un Parlamento en poco más de dos años es algo que, en términos políticos, solo puede calificarse de fracaso. Desde ese punto de vista, y al margen de que CiU sea ahora una fuerza mucho más débil que cuando ganó las elecciones en el año 2010, lo que ayer se anunció como un gran triunfo político implica en realidad que Mas ha naufragado ya en dos ocasiones. Y probablemente está camino de hacerlo una tercera y definitiva si ERC gana los próximos comicios.

El presidente catalán se ha mantenido vivo durante los dos últimos años gracias a que el debate sobre la celebración del referendo independentista, y el desafío que ello implicaba, lo cubría todo y le permitía mantenerse en el Gobierno sin responder de una gestión económica que le ha obligado a pedir un rescate al Estado. Una vez superada la fecha prevista sin que aquel referendo se celebrara en los términos previstos, han comenzado a vislumbrarse las carencias del proyecto soberanista y la falta de unidad a la hora de avanzar en lo que se presenta como un proyecto unitario de país y que, visto lo visto en los últimos días, es en realidad una lucha enconada, en la que se han hecho todas las trampas posibles, por alcanzar el poder y liderar ese desafío histórico.

El presidente de la Generalitat, al que apenas le quedaba un hilo de vida política a pocos días del 9-N, anunciado como una jornada épica y que devino en un esperpento de referendo alegal, recuperó algo de aliento tras esa consulta, debido en parte a que Rajoy demostró que iba de farol cuando advertía con duras medidas si Mas consumaba su órdago. Al líder del PP no le interesaba la muerte política de Mas porque sabe que lo que viene detrás, es decir, una Generalitat presidida por Oriol Junqueras, sería para él más de lo mismo, pero elevado al cuadrado. De modo que Mas, una vez constado el éxito de su estrategia de situar a Rajoy ante el dilema de él o el caos, ha decidido jugar las mismas cartas con ERC. Al líder de CiU no le interesaban elecciones ahora, como quería Junqueras. Y por eso puso condiciones imposibles, con la amenaza de frenar el proceso. Probablemente a Mas le hubiera convenido retrasarlas más allá del 2015. Pero Junqueras ha resultado ser mejor jugador de póker que Rajoy. Antes que romper la baraja, ha preferido asegurarse el mal menor.