La vieja guardia del PSOE se resiste a abandonar el control del partido

Felipistas y zapateristas se alían a favor de Sánchez y en contra de Madina


Madrid / La Voz

El 12 de marzo del año 2000, el entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, presentó su dimisión tras la victoria de José María Aznar por mayoría absoluta. El PSOE parecía encaminarse hacia una renovación profunda tras el interregno de Almunia, quien había sustituido a Felipe González sin cambiar apenas nada en el partido. Pero la vieja guardia se resistía a perder el control y decidió postular a José Bono para la secretaría general. En esa operación estaban, entre otros, Alfredo Pérez Rubalcaba, Manuel Chaves, el aparato de Ferraz y el de Andalucía, temerosos de que la formación quedara en manos de jóvenes inexpertos. Todo parecía hecho, pero Alfonso Guerra, enfrentado a Bono, se alió con Zapatero, quien consiguió hacerse con la secretaría general gracias a los votos del guerrismo y al duro trabajo de negociación de José Blanco.

Pedro Sánchez, segunda opción

Catorce años después, el PSOE afronta otro momento clave. Como Almunia, lo de Rubalcaba solo ha sido un interregno después de la dimisión de Zapatero. Y de nuevo la vieja guardia se resiste a dejar el partido en manos de una nueva generación sin reservarse cuotas de poder. Caprichos del destino, José Bono y José Blanco, enemigos en el 2000, aparecen ahora como aliados y principales artífices de la nueva operación.

El primer intento de la vieja guardia felipista y zapaterista fue intentar que la andaluza Susana Díaz, menos proclive a dar un giro radical al PSOE, fuera elegida secretaria general por aclamación. Movilizaron a los secretarios regionales para que hicieran un pronunciamiento en favor de Díaz. Incluso Zapatero y el entorno de Felipe González intentaron convencer a Eduardo Madina de que desistiera de optar a la secretaría general. La negativa de este y la de los secretarios generales de Asturias, Javier Fernández, y de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, a sumarse a ese movimiento hizo fracasar el plan. Díaz rechazó medirse abiertamente con Madina.

Descartada la vía de la presidenta andaluza, tanto Bono como José Blanco y la propia Susana Díaz se han volcado en apoyar a Pedro Sánchez frente a Madina, quien conserva el respaldo de Pérez Rubalcaba. Es esa conjunción de intereses de miembros de la vieja guardia felipista como Bono; ex miembros del aparato zapaterista, como José Blanco, y de la poderosa federación andaluza, lo que explica que el joven diputado madrileño Pedro Sánchez, antiguo pupilo de Blanco y hasta hace poco un desconocido en el partido, casi doblara en avales a Eduardo Madina, miembro de la ejecutiva del PSOE, secretario general del Grupo Socialista en el Congreso y figura muy conocida por ser víctima de un atentado e ETA.

La situación ha dado un giro y ahora es Sánchez quien aparece como favorito. Algo que Madina y su equipo tratan de aprovechar presentando al madrileño como el candidato del aparato, con la esperanza de repetir la sorpresa que dio en su día Zapatero. Para ello, el entorno de Madina considera vital que el tercer candidato, José Antonio Pérez Tapias, acabe sumándose a un proyecto de izquierdas frente al proyecto de Sánchez y la vieja guardia, que tachan de «neoliberal».

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