El programa económico de Jean-Claude Juncker, candidato popular europeo, no da para muchas sorpresas. Siguiendo las directrices políticas de quien le aupó a su candidatura (la canciller alemana Angela Merkel), promete «profundizar en las reformas estructurales». El luxemburgués, menos brillante y agudo de lo habitual durante la campaña electoral que todavía se prolongará toda esta semana, asegura: «No tengo un proyecto de austeridad, tengo un proyecto de rigor presupuestario».
Sobre las prórrogas del programa sobre el cumplimiento del déficit, se ha mostrado en contra de dar más tiempo a Francia (cuyo parón económico se ha hecho público esta misma semana), aunque se muestra a favor de una «flexibilidad razonable» en función de los esfuerzos y la situación particular de cada Estado miembro.
En su programa incorpora, al igual que su principal contrincante, el socialdemócrata Martin Schulz, la propuesta de crear un salario mínimo europeo, no muy apreciada por la patronal española, pero pujante de acuerdo con la iniciativa alemana auspiciada por los socios de Gobierno de Merkel.
No están muy claras las medidas de fomento del empleo que quiere poner en marcha, pero sí incide en sus intervenciones públicas en la necesidad de firmar cuanto antes el Acuerdo Trasatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP) con Estados Unidos.
El refuerzo de la libre circulación de trabajadores, el mercado interno y la apuesta por las ayudas a la movilidad son el buque insignia del conservador que propone crear una «central de compras única» para abaratar los costes energéticos.