Un último servicio a título póstumo

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

25 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Como El Cid, Suárez ha ganado una batalla después de muerto. Su vocación de diálogo, voluntad de consenso y altura de miras fueron unánimemente reivindicadas por los políticos actuales. Ojalá sea una asunción sincera de valores que nunca deberían haberse perdido, y no una instrumentalización interesada de quien es ya un mito popular. Porque no basta con proclamar unos ideales, hay que predicar con el ejemplo para hacerse acreedor de un reconocimiento que Suárez sí se ganó a pulso. Como demuestra el impresionante homenaje ciudadano a quien dio lo mejor de sí mismo en beneficio del país.

Los demás tendrán que demostrar que esa transfiguración es real y no otro ejercicio más de ese cinismo en el que ha degenerado la política en los últimos tiempos. Porque es ofensivo, por ser suaves, el intento de Artur Mas de apropiarse del legado de Suárez al apelar a su valentía para afrontar los problemas. Obviando, claro, que el expresidente hizo su demostración de coraje para enfrentarse a quienes lo que pretendían era, desde posiciones minoritarias y de fuerza, violentar el espíritu de la mayoría, descarrilar el tren de la historia. Como hipócrita es también colgarse de la bandera del diálogo cuando lo que se practica a diario es la imposición para desandar mucho del camino andado en todos estos años.

Que la idea de diálogo y consenso vuelva al vocabulario político es ya un triunfo de Suárez. Que, además, se aplique sería su último servicio, póstumo, al país.