Adolfo Suárez: Nació en Ávila, pero se sentía «un coruñés»


redacción / la voz

Adolfo Suárez tenía que haber nacido en A Coruña. Solo la casualidad quiso que lo hiciera en Ávila, adonde su padre, un procurador coruñés, había sido trasladado. «Siempre tuvo una gran vinculación con A Coruña, porque su padre y su abuelo eran de aquí. Decía que se sentía como un coruñés más», explica el historiador Carlos Fernández. Y el propio político acabó reconociéndolo: «Yo nací en Ávila por casualidad. Mi padre -confesó- nació en A Coruña y allí ejerció mucho tiempo como procurador de los tribunales. Nací dos años después de haberse trasladado a Ávila por cuestiones de trabajo».

«Adolfo presumía mucho de su sangre gallega. A mí me decía siempre: 'A mí no me engañas, que yo también soy gallego'», corrobora el periodista Fernando Ónega, que fue colaborador del primer presidente de Gobierno de la democracia. En A Coruña pasó sus primeros veranos en los años 40 en la casa familiar, situada cerca de la céntrica plaza de María Pita.

Socio del Deportivo

Su vínculo también alcanzó el fútbol. En el verano de 1949 se presentó a una prueba de la escuela de fútbol juvenil de Alejandro Scopelli, el entrenador que le había dado al Deportivo el subcampeonato de Liga. Lo probó como defensa, aunque el futuro creador de la UDC ansiaba ser delantero. «Era habilidoso y con olfato de gol», explicó en su momento Scopelli.

Adolfo Suárez siempre fue fiel a los colores del Deportivo. En su viaje de novios a la ciudad, en 1961, se interesó por el equipo y diez años más tarde, ya como director general de Televisión Española, dejó claro en Madrid que su club era el Dépor. Más tarde, como presidente, recibió en audiencia a la directiva del equipo herculino y les dijo: «Os voy a apoyar a muerte, pero vuestros mayores obstáculos los vais a encontrar en la propio ciudad». Del club recibió la insignia de oro y en el 2002 acudió al Bernabéu, como un aficionado más, para asistir a la Copa del Rey contra el Real Madrid. Tras la victoria se abrazó al entrenador Javier Irureta y le dijo: «Me alegro mucho por los triunfos del Deportivo». Fue entonces cuando el club decidió nombrarlo socio número 30.000. Su relación con la ciudad continuó en el tiempo y en 1997 fue investido doctor honoris causa por la Universidade da Coruña.

No volvió de veraneo a A Coruña, pero sí lo hizo en 1980 a O Grove, donde se alojó en la finca La Atlántida, en A Lanzada.

Galicia también influyó en su carácter, como recuerda Ónega. «Cuando se iba a legalizar al Partido Comunista me preguntó: '¿Y tú qué crees que voy a hacer con el PC?'. Y yo le dije: 'Espero que tú me lo digas'. Me recordó a Rajoy cuando hace unos días dijo a su partido: 'Y quién creéis que va a ser el candidato a las elecciones europeas'».

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