El PSOE prevé que el PSC entierre la discrepancia por el derecho a decidir y la consulta

En el círculo de Pere Navarro aseguran que en poco más de un mes podrá darse por cerrada la brecha abierta con Ferraz

Colpisa
Madrid

La relación entre el PSOE y el PSC no saltó por los aires en la conferencia política que celebraron la semana pasada. Una y otra formación lo celebraron como el inicio de la vuelta a la normalidad.

«Nada casual, llevamos tiempo preparado el terreno», advierten en el entorno de Pere Navarro. La decisión de los socialistas catalanes de iniciar un desmarque gradual pero ostensible de las estrategias diseñadas por las fuerzas soberanistas del Parlamento catalán desactivó cualquier bomba.

En el círculo de Navarro aseguran que, en poco más de un mes, podrá darse por cerrada la brecha abierta con Ferraz. «Una vez fijen la fecha y la pregunta del referendo -dicen en referencia a la promesa de Artur Mas a ERC-, nosotros nos salimos y eso clarificará nuestra posición».

Los socialistas catalanes siempre han dicho que avalarían una consulta a la ciudadanía catalana, pero con una condición: que sea «legal y pactada». Esta misma semana se ha vivido un anticipo de ese descuelgue anunciado. CiU, ERC, ICV y la CUP pretenden sellar un acuerdo en el Parlamento catalán para reclamar por la vía del artículo 150.2 de la Constitución la facultad para convocar un referendo sobre el estatus jurídico de Cataluña. «?Planes Ibarretxe?, nosotros, ni uno», dice un colaborador del primer secretario del PSC.

Pero sobre todo, Navarro se enfrenta a sus propios críticos. Por eso ha convocado para mañana un Consell Nacional extraordinario y ayer se reunió con Marina Geli, Àngel Ros, Joan Ignasi Elena y Jordi del Río, el ala soberanista del partido. Pretende lograr un consenso que refuerce su posición y el equilibrio no es fácil. El número dos del PSC, Antonio Balmón, trató de templar gaitas y argumentó que «lo más importante y vital» es que comparten la apuesta por una reforma federal de la Constitución que mejore el encaje de Cataluña con el resto de España.

Recelos

Pero lo cierto es que el sector crítico (minoritario) recela de los pasos dados por Navarro. Razones no faltan. En las pasadas elecciones, los socialistas catalanes se subieron al carro del derecho a decidir porque temieron ser arrollados por una ola que parecía imparable. Ahora, los afines a Navarro afirman que no se desviarán de su ruta. «¡Qué más podemos perder!», dicen con resignación, conscientes de que la sangría de votos no cesa.

En los últimos meses, los socialistas catalanes han conocido sondeos que los sitúan como la cuarta fuerza política de Cataluña por detrás de Ciutadans. Y el asunto territorial es uno de los causantes, según sus propias estimaciones, de que el PSOE no despegue.

La segunda pata del plan consiste en enfocar toda iniciativa política hacia un terreno alejado del modelo de Estado. El PSC pretende llevar a la Cámara catalana propuestas de fuerte carga ideológica. Su adversario ya no es CiU sino la formación de Albert Rivera. Buscarán romper su indefinición, o quizá su cohesión interna, convencidos de que su grupo parlamentario se deshará en el debate izquierda-derecha.

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