Rajoy activa la maquinaria electoral del PP para contener el descalabro en las europeas

R. C. COLPISA

ESPAÑA

El presidente del PP pide a los suyos que saquen jugo a la mejora de los indicadores económicos y eviten dar imagen de fractura interna

09 sep 2013 . Actualizado a las 01:20 h.

No habrá un respiro para la exaltación del orgullo patrio con el que enjuagar las penas de la crisis y acallar el descontento ciudadano. Mariano Rajoy sabía que la concesión de los Juegos Olímpicos a la ciudad de Madrid no supondría ninguna panacea para el país ni, por descontado, para el Partido Popular pero al menos habría contribuido a alimentar su estrategia, recién inaugurada, de dar «buenas noticias». Esas de las que, como él mismo dijo el sábado en Buenos Aires, España está tan necesitada. Ya no cuenta con ese combustible para una maquinaria electoral que ha ordenado activar ya, a ocho meses vista, a fin de contener un severo varapalo en las elecciones europeas de 2014.

La cita para elegir a los representantes españoles en la Eurocámara será -dejando a un lado termómetros parciales como el de las elecciones andaluzas o, más recientemente, las gallegas- la mejor oportunidad para medir hasta dónde llega la decepción de los votantes del PP. De acuerdo con el Centro de Investigaciones Sociológicas, más de la mitad de quienes le dieron su apoyo en noviembre del 2011 evitarían hacerlo de nuevo. La fidelidad de voto del PP, conforme al barómetro de julio, está en el 43,8% una cifra bajísima para un partido que durante años había demostrado poseer un suelo pétreo. El presidente del PP busca parar la hemorragia.

El pasado lunes, durante la primera reunión del Comité Ejecutivo Nacional tras el descanso estival, advirtió a los suyos de la importancia de trabajar ya desde este inicio del nuevo curso con ese objetivo. Las elecciones europeas, que tendrán lugar el 25 de mayo, suelen favorecer un voto de castigo hecho con las vísceras y libre de otros condicionantes porque los ciudadanos no perciben que la labor de los europarlamentarios sea crucial para sus vidas ni para el devenir de España. El PSOE lo tuvo claro en 2009. A tres meses de que se abrieran las urnas ya daban por perdida una batalla en la que finalmente se dejó 70.000 votos, en relación a las generales previas, y en la que el PP logró una ventaja de cuatro puntos. Los populares admiten que si no cambian mucho los ánimos corren un riesgo parecido. José Luis Rodríguez Zapatero intentó ganar impulso en abril -aquellas elecciones fueron el 7 de junio- con una reordenación de su Gobierno. Es algo por lo que abogan ahora también en algunos sectores del PP, pero que el propio Rajoy intentó desinflar, con la credibilidad que puede tener siempre el desmentido de una decisión tan estratégica, hace apenas una semana. De momento, el presidente del Gobierno, se ha limitado a lanzar un mensaje a los suyos para que no se relajen y sobre todo, para que eviten dar una imagen de fractura interna, algo que han hecho difícil, no ya la puesta en marcha de duros e impopulares recortes frente a la crisis, sino las constantes sacudidas del caso Bárcenas y la gestión que de ese asunto se ha hecho desde la dirección del partido.