Aznar ha vuelto a la escena política para quedarse, aunque eso no implique que pretenda retomar el liderazgo del PP. Rajoy ha asumido ya que tendrá que convivir con sus esporádicas apariciones públicas en las que, más que como consejero, pretende actuar como un Pepito Grillo que le dice lo que debe hacer. Por ello, el Gobierno y el PP han optado por anular su discurso crítico de una forma original: asegurando que defiende exactamente lo mismo que ellos, aunque eso no sea exactamente cierto. El contacto frecuente con la política estadounidense ha convertido a Aznar en un ultraliberal, mientras que Rajoy sigue siendo el conservador que siempre ha sido, como lo era Aznar. Por eso, el expresidente exige que se hagan reformas al coste social que sea, incluidas bajadas de impuestos y reforma de las pensiones, mientras Rajoy tiende a preservar lo poco que va quedando del Estado del bienestar. Aunque también influye el hecho de que que uno está gobernando y el otro no.
Monago baja los impuestos
Pero la presión para reducir los impuestos no le llega en el PP a Rajoy solo por la vía de Aznar, sino también desde quienes están en sus antípodas políticas, como el presidente extremeño, José Antonio Monago, que gobierna gracias a IU y que ayer anunció que bajará los impuestos a 430.000 extremeños con rentas inferiores a los 24.000 euros, el 90 % de los contribuyentes de esta comunidad.
Consciente o inconscientemente, Aznar está alentando las críticas a Rajoy por parte del sector más liberal del PP. Pudo comprobarse ayer cuando la expresidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, aseguró, pese a su enemistad con Ana Botella, que la de Aznar fue una «gran conferencia» porque para sacar a España «de esta situación tremenda que creó el Gobierno de Zapatero» es necesario un gran programa de reformas que, como dijo el exlíder del PP, ponga las Administraciones públicas al servicio del ciudadano y no al revés. «Aznar lo dijo con toda claridad, es muy positivo porque todos en el partido estamos de acuerdo con eso», añadió para evitar polémicas.
En todo caso, las críticas de Aznar no son solo económicas. Él recela mucho de la intención de Rajoy de llegar a acuerdos con el PSOE para pactar algunas de sus medidas y de contemporizar con CiU en una Cataluña sobre la que es partidario de aplicar la mano dura. Rajoy ya ha dejado claro que va hacer oídos sordos en todo a las recomendaciones de Aznar, por lo que la polémica va a continuar.