El Gobierno elabora la séptima ley de reforma de la educación de la etapa democrática. Resultado: España está a la cabeza de los países desarrollados en fracaso escolar. En los últimos 25 años se han aprobado diez reformas laborales. Pese a ello, somos el país con mayor tasa de paro. Y así sucesivamente. El adanismo de la clase política no conoce límites. Cada nuevo gobernante quiere dejar su impronta en la historia y arrambla con el pasado como si nada de lo que hicieron sus antecesores tuviera valor y solo él tuviera la varita para solucionar los problemas de España. Con esa soberbia se instalan, usan y acaban abusando del poder. Ejemplos hay en la galería de expresidentes. Rajoy avanza aceleradamente por ese camino. Con altivez despreció a Zapatero, con jactancia se anunció como el remedio para los males de España. Y con altanería desprecia ahora el acuerdo.
Cierto que tiene la mayoría para aprobar (casi) lo que quiera. Pero no es infalible, como demuestra que todos los indicadores hayan empeorado desde que llegó a la Moncloa. Pedir paciencia a la espera de que todo cambie es, además de una impertinencia que contradice la realidad, un supremo ejercicio de insensibilidad con los 6,2 millones de parados, los dos millones de niños que crecen en hogares pobres o ese 46 % de la población que sufre para llegar a fin de mes. Es fácil ser paciente si se tiene el futuro resuelto, pero no cuando lo único que se tiene es miedo a lo que suceda mañana. La situación es de emergencia y requiere respuestas urgentes. Y solo podremos capear el temporal si somos capaces de dibujar un horizonte común y remar juntos en la misma dirección. En los pactos de la Moncloa se cimentó una nueva España porque se hizo entre todos. Y ahora se necesita también el concurso de todos (políticos, empresarios, sindicatos, ciudadanos) para avanzar en un sistema educativo de calidad, moldear un sistema productivo competitivo, afianzar el Estado de bienestar y garantizar una Administración eficiente y transparente. Al Gobierno corresponde la iniciativa, y al resto, colaborar con altura de miras. Solo así habrá futuro.