Propone retrasarla y admite que necesita la aprobación de Madrid
16 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Artur Mas se encuentra entre la espada y la pared. Sea cual sea el camino que transite, carece de los apoyos necesarios para llegar hasta el final. Como un boxeador noqueado, da palos de ciego tocando todas las puertas en busca de una ayuda que no consigue. Si la semana pasada daba un paso adelante en su desafío soberanista al poner en marcha el consejo que supuestamente habrá de poner las bases del Estado catalán, ayer retrocedía dos pasos. Su consejero de Justicia, Germà Gordó, advirtió del riesgo de acelerar un proceso que, reconoció, no podrá culminarse sin un acuerdo previo con el Gobierno central.
«No tenemos que ir todos acelerados ni nerviosos», dijo en una abierta advertencia a sus socios de ERC. El consejero catalán reconoció que el pacto suscrito con los republicanos que permitió la investidura de Mas los obliga a trabajar para organizar la consulta, pero recordó que el acuerdo también prevé la posibilidad de retrasar el referendo.
Una opción que Esquerra se apresuró a descartar. La portavoz de esta formación, Anna Simó, respondió que, al contrario de lo que planteó Gordó, la situación actual, de asfixia financiera de la Generalitat y oposición del Gobierno central, «aconseja avanzarla y no retrasarla». Frente a los consejeros que «les tiemblan las piernas», Simó destacó que «hay una hoja de ruta para que se celebre la consulta el año 2014 y entendemos que todos los consellers y los cargos electos de CiU tienen que estar al lado de Mas y del compromiso de que se haga sí o sí la consulta».
Artur Mas trata de aparecer en público desdiciéndose de su decidida apuesta soberanista. Pero es consciente de que la situación financiera de Cataluña, más cerca del rescate que de otra cosa, y la incapacidad de elaborar unos presupuestos para los que carece de los apoyos necesarios le obligan a dar marcha atrás en su apuesta si no quiere despeñar a la comunidad por el precipicio. De ahí que trate de rectificar por vía interpuesta. Ayer fue por boca del consejero de Justicia, quien insistió en que no acaba «de ver otra manera» de celebrar la consulta que no sea tras un acuerdo previo con el Gobierno. Y reconoció que ese consenso ahora mismo es prácticamente imposible. Por eso, añadió, es necesario que ambas partes «busquen otros marcos» de entendimiento en un diálogo que necesitará mucho tiempo. Lo que justificaría el retraso en la consulta.
El intento de Mas de nadar entre dos aguas para atraerse tanto a ERC como al PSC parece abocado al fracaso. Si los republicanos no aflojan en sus exigencias sobre la consulta soberanista, los socialistas se niegan a apoyar lo que consideran «un pacto para la independencia». Desde el PSC califican de «cortina de humo» el debate soberanista y reclaman a Mas que presente ya los presupuestos. «Eso es lo que haría un Gobierno serio», declaró ayer el portavoz de los socialistas catalanes Jaume Collboni.