Feijoo tendrá que dialogar pese a la mayoría absoluta

Gonzalo Bareño Canosa
gonzalo bareño MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

El presidente de la Xunta ha ido perdiendo esa capacidad de trabajar en equipo y de alcanzar acuerdos

03 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Hay políticos que cimentan su carrera en torno a un discurso brillante declamado en el momento oportuno. Ahí está por ejemplo la memorable intervención de un joven senador estadounidense en Boston durante la convención del Partido Demócrata en el año 2004. Otros labran su porvenir con cosas más prosaicas, como una breve lista de antihemorroidales, laxantes y antidiarreicos. El protagonista del primer ejemplo es hoy el presidente de Estados Unidos. El del segundo es el actual presidente de la Xunta.

Recuerdo aquella rueda de prensa. Era el año 1998. El PP había ganado las elecciones dos años antes por un margen mucho más estrecho de lo esperado. Aznar, que todavía no había desarrollado la megalomanía que le hizo perder la calle, comandaba un frágil Ejecutivo construido en torno a un insólito apoyo de los nacionalistas de CiU y el PNV y sometido a todo tipo de presiones en medio de una aguda crisis económica, la más grave, hasta la actual, que ha padecido la España democrática.

El entonces ministro de Sanidad, José Manuel Romay Beccaría, se enfrentaba a una rebelión ciudadana por su decisión de sacar del catálogo de medicamentos sufragados por la Seguridad Social una larga lista de fármacos. Las comunidades autónomas, incluidas algunas gobernadas por el PP, amenazaban con insubordinarse ante las pretensiones del Gobierno. El asunto parecía no tener solución y el ministro estaba acorralado.

Capacidad para el acuerdo

Contra pronóstico, Sanidad convocó en el último momento una rueda de prensa para anunciar un acuerdo. La daba un tipo de solo 37 años con cara de empollón que entonces presidía el Insalud. En tono muy seguro, pero sin aspavientos, anunciaba que había llegado a un pacto con todas las comunidades menos una. ¿Y qué había dado a cambio? Muy poco. Sacar de la lista los antihemorroidales y dos o tres cosas más. «¿Pero quién este tío?», recuerdo que me preguntó uno de los periodistas que, como yo, no seguía habitualmente la información de sanidad. Supe que era alguien especializado en llegar a acuerdos razonables sin empecinarse en imponer su opinión.

De allí salió Feijoo disparado hasta ganar dos veces las elecciones a la Xunta por mayoría absoluta. Y la pregunta es: ¿catorce años después queda algo de aquel tipo, más allá de la cara de empollón? Algo. No mucho. A medida que ha ido ganando solvencia política, Feijoo ha ido perdiendo esa capacidad de trabajar en equipo y de alcanzar acuerdos. Y desarrollando una vena individualista y escasamente dialogante con la que, todo hay que decirlo, tampoco le ha ido mal. Lo que le aguarda durante los próximos cuatro años en Galicia es sin embargo tan difícil que solo podrá salir a flote si recupera aquel espíritu de 1998.