El BOE nos despertó ayer con un nuevo rejonazo, el de que los enfermos deberán pagar por las prótesis y por el transporte ambulatorio. Esto es lo que preocupa a los ciudadanos, que se preguntan si los recortes son inevitables, hasta dónde van a llegar, cuáles son las alternativas y cuándo vamos a empezar a ver la luz al final de esta pesadilla. El debate de Presupuestos era una buena ocasión para dar respuesta a estas preguntas. Pero no. El Gobierno se escuda en la herencia recibida para eludir la discusión sobre sus medidas, adoptadas todas ellas en la soledad de su mayoría parlamentaria, como demostrará previsiblemente la votación de hoy. Pero la responsabilidad de los socialistas en la situación económica ya fue depurada en las urnas. Y a ello le debe el PP su mayoría absoluta. Todo lo que venga a partir de ese momento, para bien y para mal, es directamente atribuible al Gobierno de Rajoy. Y los primeros indicadores no son precisamente halagüeños. Lo venda como lo venda, lo maquille como lo maquille, en el primer trimestre ya ha consumido la mitad del déficit previsto para todo el año. Una cifra que no solo pone en entredicho la credibilidad de los Presupuestos, sino que, al tratarse de un objetivo en cuyo nombre impone durísimos sacrificios a la población, amenaza con convertir estos en inútiles, y la política del PP, en un fracaso.