El líder hace lo que quiere en una reunión política sin contenido alguno

Gonzalo Bareño Canosa
g. bareño SEVILLA | ENVIADO ESPECIAL

ESPAÑA

El PP vive en tal estado de felicidad, reúne un poder tan grande, que resulta imposible afrontar con rigor un verdadero debate interno

20 feb 2012 . Actualizado a las 10:35 h.

Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo. El PP vive en tal estado de felicidad, reúne un poder tan grande, que resulta imposible afrontar con rigor un verdadero debate interno. Si todo funciona, ¿para qué cambiar nada? Esa parece ser la pregunta que se han hecho Rajoy y el resto de dirigentes del PP, que se han limitado durante este fin de semana a cubrir, subiendo el escalafón, las bajas que han dejado en los sillones de Génova el batallón de dirigentes que han pescado un sillón ministerial.

Pero como algo había que hacer para justificar el congreso, la prensa y los propios populares se han entretenido estos días contando el número de dirigentes que han colocado Dolores de Cospedal y Javier Arenas en el comité ejecutivo, como si ahí pudiera haber alguna clave que tuviera importancia para el devenir futuro del partido. Lo cierto es que en un momento en el que el liderazgo de Rajoy es lógicamente absoluto, tras haber llevado al PP, sin hacer tanto ruido como Aznar, a las mayores cotas de poder de su historia, el líder de los populares podría haber puesto de números dos y tres a su sastre y a su portero y lo mismo hubiera dado. El congreso lo podría haber celebrado Rajoy en Sanxenxo en una mesa camilla y enviar los nombramientos por correo ordinario. Nadie habría protestado. ¿Quién puede hacerlo?

El partido a buen recaudo

Que la mayor novedad de este congreso haya sido que un señor llamado Carlos Floriano ocupe la vicesecretaría de Organización en lugar de Ana Mato y que Esteban González Pons cambie el nombre de la vicesecretaría de Comunicación por la de Estudios y Programas da idea de la altura del debate.

Y de ideas ¿qué? Poco. O más bien nada. En el plenario, ni siquiera los delegados escuchaban las ponencias declamadas en tono cansino por los encargados de firmar unos textos plagados de lugares comunes. Rajoy parece suficientemente abrumado por la ingente tarea que tiene en el Gobierno y se ha limitado por ello a dejar el partido en manos de Dolores de Cospedal para que se lo cuide a quien le suceda cuando deje el Gobierno. Él, a Génova, ya no volverá.