El PP encara su congreso con el único temor de «enfermar de éxito»
13 feb 2012 . Actualizado a las 07:07 h.El poder que atesora Soraya Sáenz de Santamaría en el Gobierno, como vicepresidenta y máxima responsable de la coordinación política del Ejecutivo, contrasta con su escasa relevancia en el partido. La vicetodo, que creció políticamente a la sombra de Rajoy, adolece de la falta de respaldo de una organización territorial, con el que sí cuentan los barones María Dolores de Cospedal, Javier Arenas, Esperanza Aguirre o Feijoo.
Es más, ni integra el comité ejecutivo nacional del PP. Perteneció a este órgano hasta diciembre como portavoz del grupo en el Congreso, un puesto que ocupa ahora su sucesor en la Cámara baja, Alfonso Alonso.
Rajoy solventará ipso facto esta carencia en el congreso que los populares celebrarán el próximo fin de semana en Sevilla. Fuentes del partido y del Gobierno coinciden en señalar que impondrá la presencia de su mano derecha en la cúpula para premiar su brillante trayectoria.
Rajoy cedió la responsabilidad de los nombramientos orgánicos a De Cospedal, que repetirá como secretaria general, pese a las tenues voces que preguntan si será operativo que siga como número dos y presidenta manchega al mismo tiempo. A diferencia de lo que ocurrió en el congreso del 2008, De Cospedal tendrá vía libre para situar a personas de su máxima confianza. Sus únicos encargos serán Sáenz de Santamaría y Javier Arenas. Ella insiste en que se siente capacitada para compaginar sus obligaciones institucional y orgánica, pero es consciente de que no dispone del tiempo necesario para llevar el día a día de Génova. Por ello, sopesa nombrar un adjunto pero con un perfil menos político. Una figura que introdujo Aznar en 1996 con Acebes para sostener al vicepresidente Cascos en la secretaría general del PP. De Cospedal quiere ser la única con mando en plaza, como contrapeso a la notoriedad que adquirió la vicepresidenta.