Comprobar si hay agua en la piscina antes de lanzarse

La Voz

ESPAÑA

27 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La carrera por la sucesión en el PSOE se está convirtiendo en un duelo de estrategias en el que los aspirantes miden sus tiempos con cautela. Resulta sorprendente que a poco más de un mes de un congreso trascendental nadie haya dicho oficialmente que quiere ser el líder del partido. Los máximos candidatos a dar ese paso, Rubalcaba y Chacón, han retrasado su decisión a la espera de comprobar si cuentan con apoyos suficientes y, sobre todo, de constatar si surge un nuevo aspirante al margen de ellos dos que pudiera acabar teniendo el respaldo mayoritario por descarte de los que forman parte de la actual dirección. Eso es lo que ocurrió cuando José Bono y Matilde Fernández se disputaron la sucesión de Almunia y Zapatero acabó reuniendo el apoyo de todos los que querían una renovación más profunda. La tradición en el PSOE, no solo en congresos sino también en las primarias, es que quien es visto como el candidato oficial termina perdiendo, como le ocurrió a Almunia en las primarias con Borrell o a Trinidad Jiménez con Tomás Gómez. Ese miedo a ser visto como la opción de continuidad es lo que hace que se esté tratando de negociar apoyos fuera de los focos antes de dar el paso definitivo. La guerra de manifiestos no es sino una parte de esa estrategia de comprobar si hay agua en la piscina antes de lanzarse.