Las mujeres copan el poder en Madrid con la alcaldía de Botella

rafael martínez simancas MADRID / COLPISA

ESPAÑA

La esposa de José María Aznar sucederá el día 27 a Ruiz-Gallardón

23 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Esperanza Aguirre y Ana Botella comparten partido, pero se equivocará el que piense que son iguales. No se trata de establecer un concurso, pero entre ambas hay muchas diferencias; para empezar, la carrera política de Aguirre tiene más recorrido, pues empezó en el extinto Partido Liberal, y Ana Botella prácticamente pasa de ser un miembro de la corporación de Gallardón a alcaldesa de Madrid desde el día 27.

Botella eligió debutar en una plaza cómoda. Algunos mal pensados vieron en el ofrecimiento de Gallardón una posibilidad de agradar a Aznar y, por extensión, al partido, al que lanzaba el mensaje de disponible para lo que hiciera falta. Y con Gallardón participó del sueño de los Juegos Olímpicos que nunca llegaron y se ocupó de los Servicios Sociales.

De justicia es señalar que Aguirre lo ha sido todo en política, salvo presidenta del Gobierno, y que Ana Botella llega a la alcaldía de la capital de España por un efecto rebote que estaba más que cantado. Ya durante la pasada campaña municipal la oposición decía que Gallardón saltaría a la política nacional cuando ganara el PP y que, realmente, la alcaldesa tapada era Ana Botella. Por lo tanto, su capacidad de gestión en puestos de primera responsabilidad está por demostrar.

El movimiento de situar a Botella en la alcaldía corresponde a una estrategia de Rajoy. En cambio, Esperanza Aguirre es una pieza del tablero de ajedrez de Aznar y una sólida referencia en el PP. El poder en Madrid, el del partido, está en manos de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que en los últimos días no dudó en relevar al secretario general, Francisco Granados, por pérdida de confianza. Aguirre supo mantener la distancia institucional con Gallardón a base de no pocos roces en la convivencia diaria, pero nunca cedió ante el entonces alcalde y ahora ministro de Justicia.

Ahora les toca convivir juntas en la misma ciudad, aunque con diferentes funciones; da la impresión de que todo irá bien mientras Ana Botella no tenga las tentaciones de poder regional que tuvo su antecesor. Este juego de damas permanecerá equilibrado salvo que Rajoy quiera conquistar Madrid a través de Ana Botella. Entonces, el escenario sería muy diferente y poco pacífico, por cierto.