«Llega la hora de los españoles»

Gonzalo Bareño Canosa
gonzalo bareño ENVIADO ESPECIAL

ESPAÑA

Rajoy asegura que está preparado para ser presidente del Gobierno, pide el apoyo para «cambiar» el país y promete gobernar desde la independencia

19 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

«No soy mejor que nadie pero tampoco peor que ninguno». Mariano Rajoy cerró ayer la campaña en Madrid con un discurso vibrante en el que aseguró estar preparado para presidir el Gobierno y ser consciente de que asume «una gran responsabilidad» ante un país que se enfrenta al «mayor problema» que ha tenido en su historia. En una intervención que sonó más la de un jefe del Ejecutivo que explica cómo va a gobernar que a la de un candidato, Rajoy se comprometió a «sacar a España adelante» y reclamó el mayor apoyo posible para «cambiar» un país «que es mucho más que un Gobierno que nunca ha estado a la altura».

Rajoy sabe que para conseguir ese reto no solo tendrá que imponer a los españoles duros sacrificios, sino también ganarse la confianza del resto del mundo para calmar a unos mercados que no entienden de elecciones y que ayer seguían acosando despiadadamente a España. Por eso, dedicó el final de la campaña a preparar al país para lo que se le viene encima y a compensar la llamada a la austeridad y a la renuncia con la promesa de un futuro mejor.

«El momero de darlo todo»

«Sé que ha llegado el momento de darlo todo y lo haré y sé que ha llegado el momento de exigírmelo todo y sé que ha llegado el momento de no esperar nada a cambio salvo el interés general», dijo Rajoy. Aseguró que la que llega es «la hora de los españoles» y prometió gobernar desde la independencia. «No le debo nada a nadie», dijo. A pesar de mostrarse convencido de que España saldrá adelante, dejó claro que no cabe esperar una recuperación inmediata. «No vamos a amanecer el lunes con todo arreglado como por arte de magia», dijo tras asegurar que «nada es gratis y nadie regala nada». En un abarrotado Palacio de los Deportes de Madrid, y arropado por todo su partido, incluidos Aznar y Esperanza Aguirre, se refirió de manera directa al embate que está sufriendo España por parte de los mercados y culpó al Gobierno de que los españoles tengan que vivir «preocupados por la prima de riesgo». Apeló «al voto de la esperanza» frente al «voto del miedo» que atribuyó a un PSOE que «no sabe hacer otra cosa». «Pero a lo que la gente le tiene pavor a que sigan al frente de la nación», añadió.

«Esta gente nos ha dejado tiesos», había dicho Rajoy por la mañana en Huelva para resumir el estado en el que espera encontrarse el país que aspira a gobernar. En Madrid, pidió a los españoles que vayan a votar sabiendo que con su voto pueden cambiar el futuro del una nación que «le va a decir al mundo que aquí se van a hacer las cosas bien» y acabar con el «paréntesis de los malos Gobiernos de España».

«Lo que viene por delante no es fácil y el entorno de fuera no nos ayuda», advirtió para dejar claro que la partida no solo se juega en España. Rajoy, como los miembros de su equipo económico, dejaba ver ayer la preocupación por el hecho de que, en contra de sus previsiones, la expectativa de un cambio político y económico no haya sido capaz de generar confianza y frenar el alza descontrolada del precio que España paga para financiarse en el mercado.

Por eso, en el arreón final aseguró que para recuperar la credibilidad es necesario que se consume su triunfo. «El mejor mensaje que España puede dar a Europa, a los mercados y a los de la prima de riesgo es que no está de acuerdo con lo que se ha hecho en estos ocho años y quiere otra cosa», dijo, situando su victoria como la única posibilidad de evitar un rescate.

Rajoy ha asistido en los últimos días al deterioro creciente de la salud de la economía española con la sensación de encontrase maniatado y sin capacidad de acción, a pesar de estar convencido de tener en su botiquín los remedios necesarios para curar al enfermo. Eso le ha generado fatiga. A pesar de que ayer aseguró que termina la campaña «en plena forma», las huellas del desgaste, la tensión y el ansia por empezar a gobernar se reflejaban en su rostro.