Rubalcaba sostiene que remonta, descarta irse a casa la noche del 20-N y, huelguillas a la mar, busca el abrazo sindicalista en la recta final
12 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.De chaval, cuando peinaba cabellera, logró correr los cien metros lisos en menos de once segundos. Ya entrado en calvas, a sus 60 otoños ahora aún se ve capaz de dar un par de vueltas al estadio electoral mientras Rajoy completa solo una. O eso cuenta. Recién atravesado el ecuador de la campaña, Alfredo Pérez Rubalcaba nada contracorriente en el tsunami de las encuestas. Y aun así, a su juicio, avanza. «Estoy corriendo la recta final y recortando terreno. ¿Cómo lo sé? ¡Ah! Los partidos tienen forma de saber lo que está pasando y yo, sobre todo, lo siento. Hay cosas que un candidato nota», defendió ayer en Madrid horas después de su periplo balear y momentos antes de partir hacia Avilés y Gijón, en Asturias, donde mató la tarde. Allí, cuna minera, descubrió además uno de sus últimos ases en esta timba del 20-N: un abrazo al sindicalismo como colofón a la legislatura de la controvertida reforma laboral. Buena foto. Se la facilitarán la UGT -siempre la UGT- y su secretario general, el compañero Méndez, Cándido. Huelguillas a la mar, se dejarán retratar juntos el lunes próximo.
Por la mañana, el aspirante del PSOE a la Moncloa había aceptado someterse a una entrevista extraña, de complicado formato y a la postre reveladora, la cual concluyó «agotado». Se trataba de responder, cada una en nueve segundos aproximadamente, 69 preguntas enviadas por tuiteros y seleccionadas, entre un global de 2.393, por un consultor de prestigio en ese mundillo, si bien amigo de la casa, Antonio Gutiérrez-Rubí. ¿Cómo trota a mitad de la contienda el caballo al que todas las casas de apuestas dan por perdedor? «Estoy -reconoció- bien conmigo mismo, muy responsabilizado y agradecido a mi partido. Sé que el tema está complicado, pero ya he hecho muchos temas complicados en mi vida».
En un guiño a los votantes de izquierda desencantados con la deriva del Ejecutivo central, admitió: «Hemos tenido que hacer cosas muy duras, pero gobernar, a veces, es eso». Con la conciencia tranquila, se la pegue o no en estos comicios, la noche del domingo de autos «no me iré a casa [...] como hizo Almunia» en el desastre del 2000, sentenció. Sin embargo, eludió aclarar si, incluso en caso de castañazo, optará o no a suceder a Zapatero en la cima del PSOE. Esa disyuntiva la deja para el 21, 22 o 23.
En el calor del mitin, ya de noche, en un abarrotado pabellón gijonés optó por reciclar mensaje y, más entregado que de costumbre al arte de la arenga, incitar a la «pelea democrática» para frenar a una derecha que va en moto, dice la demoscopia.