Rajoy ganará, pero deberá convencer


Superado el debate del estado de la nación, puerto de primera categoría, el pelotón político rueda hacia la meta de la legislatura. Falta solo un puerto más, el de los Presupuestos, pero el equipo de Zapatero confía en coronarlo con la ayuda de los vascos. El debate lo ganó Rajoy, aunque Zapatero estuvo firme. Si ganó Rajoy, no arrolló y perdió la oportunidad, de nuevo, de sugerir cómo gobernará. Va a ganar en las urnas, casi seguro, pero además necesita ganar en el marcador de la credibilidad y confianza, o de lo contrario vencerá, pero no convencerá.

El principal aliado de Rajoy para la victoria en votos y en credibilidad ya no es la suma de las federaciones valenciana, madrileña y andaluza, o sea Camps, Esperanza Aguirre y Arenas, sino María Dolores de Cospedal como icono. Camps no deja de ser un heredero de Zaplana, al que después traicionó y aún persigue, y Aguirre gana elecciones ampliamente, pero en su primera victoria necesitó el auxilio de un comando político-inmobiliario que compró a dos diputados socialistas.

De Cospedal no hereda el trono de Castilla-La Mancha, porque sus antecesores son los socialistas Barreda y Bono, con máster en redes clientelares electorales. No tiene, por tanto, mancha de origen y, además, cuenta con el apoyo sin matices del presidente del PP. Por eso, ante el silencio de Rajoy sobre cómo gobernará si gana, todas las miradas se centran en la flamante presidenta manchega. Camps es un mal ejemplo: edificios singulares, pero aulas escolares en barracones, pago a proveedores a dos años y paro superior a la media española. De Cospedal ha entrado en Toledo casi a solas, con su secretaria de siempre, recortando cargos de confianza y podando el organigrama. Cabe pensar que Rajoy irá en esa dirección. Cuando Rajoy llegue hablará de todos -Núñez Feijoo incluido-, pero la estrella en el PP es De Cospedal. Se la jugó porque podía perder dos cargos en una sola votación, pero ganó. Y marca tendencia.

Enfrente pedalea Rubalcaba, cargado de problemas, sobre todo de los suyos. Felipe González le ha dado en público el consejo de que se vaya del Gobierno ya, y él ha tenido que desmarcarse, incluso alargar su permanencia, para no quedar como un monaguillo del expresidente. Peregrino por las escépticas agrupaciones socialistas, a Rubalcaba le han dado una mala noticia en las últimas horas: los artistas que apoyaban al PSOE y a IU, Víctor Manuel y Ana Belén incluidos, piden otra formación política nueva lanzando guiños a los del 15-M y a los que votaron en blanco, nulo o se quedaron en casa, que son legión. El juez Baltasar Garzón, por un lado, y hasta Federico Mayor Zaragoza por otro, recuerdan que están ahí. Si alguien es capaz de que todo ese mar de descontentos se encauce en un río de votos, el caudal puede ser muy crecido. O Rubalcaba es capaz de ilusionar y prometer reformas serias -listas abiertas electorales y un nuevo modo de hacer política- o solo le restará administrar la decadencia de su partido, que quedaría cada vez más alejado del poder.

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