Zapatero dirigió ayer por primera vez un mensaje de firmeza al movimiento de los indignados, que el pasado domingo se manifestaron de forma multitudinaria en toda España tras casi un mes de acampadas en distintas ciudades. En respuesta al senador de CiU Jordi Vilajoana, que le recordó los incidentes violentos protagonizados por los indignados en Barcelona, Zapatero defendió «el derecho de manifestación y la libertad de expresión» de forma «plena y absoluta». «Lo que la democracia no puede permitir es la coacción, es la intimidación, es el intento de que las instituciones democráticas no funcionen. Y, desde luego, no lo va a permitir», añadió, para dejar claro que el Gobierno está dispuesto a actuar con contundencia en caso de que el movimiento se desvíe por la vía de la violencia.
Orden y respeto a la ley
La firmeza y el tono de advertencia de Zapatero contrastaron con el discurso del vicepresidente Rubalcaba sobre el mismo tema. El candidato del PSOE alabó «el orden y el respeto a la ley» que demostraron los indignados en las numerosas manifestaciones celebradas el domingo en toda España. «Todo el mundo se comportó conforme a la ley», señaló el número dos del Gobierno y ministro del Interior, que justificó en esa actitud ejemplar el que la policía no tuviera que emplear la «firmeza» que él mismo había anunciado en caso de que hubiera habido violencia o provocaciones. El vicepresidente explicó que los únicos incidentes reseñables se produjeron en Valencia cuando un grupo de manifestantes se concentraron frente a la vivienda de la alcaldesa, la popular Rita Barberá, con gritos como «Rita muérete». Unos hechos que, según dijo, la policía investiga.
Igual de contemporizador con los indignados se mostró el portavoz parlamentario del PSOE, José Antonio Alonso, quien, ya recuperado de su dolencia, afirmó que «en un Estado democrático, el poder público se crea para servir a los ciudadanos y para garantizar sus derechos y libertades; tenemos que escuchar lo que dice el conjunto de los ciudadanos».