El charnego tranquilo y sin carisma que llegó a la cima


MADRID/la voz.

De pocas palabras, tímido, imperturbable, inexpresivo, discreto, aburrido, José Montilla da una imagen de hombre tranquilo y gestor frío que lo convierte en el político anticarismático por excelencia, electoralmente muy difícil de vender. El reverso de su antecesor, el brillante, locuaz, políglota e imprevisible Pasqual Maragall.

Nacido en el seno de una familia humilde hace 55 años en la aldea de El Remolino, una pedanía de Iznájar (Córdoba) de unas 40 casas que fue sepultada bajo las aguas de un pantano, en cuyas obras trabajó su padre, se trasladó a Puerto Genil con 11 y con 16 dio el salto a Cataluña que cambió su vida.

Compatibilizó el trabajo con sus estudios nocturnos de bachillerato en Cornellá y muy pronto comenzó a militar políticamente, primero en el maoísta PCI, luego en el eurocomunista PSUC, hasta que en 1978 se adhirió al PSC.

La carrera de este charnego autodidacta que no tiene carrera universitaria ha sido imparable. Alcalde de Cornellá durante 19 años, líder del PSC, presidente de la Diputación de Barcelona, ministro de Industria y primer presidente de la Generalitat nacido fuera de Cataluña. Algo así como si un negro, Obama, llegara a la Casa Blanca. Ni sus orígenes andaluces ni su mal catalán -parodiado pero en franca mejoría- ni su falta de carisma le han impedido llegar a lo más alto. Ahora intentará lo que parece imposible, vender los logros del tripartito y al mismo tiempo distanciarse de sus socios y renunciar a reeditarlo.

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