Responsables de la misión española en Afganistán informaron ayer de que la seguridad de las tropas en Qala-i-Naw se ha reforzado, al tiempo que se están revisando los protocolos de seguridad y volviendo a estudiar todos los currículos de los agentes afganos que han pasado en los cinco últimos meses por la base para recibir adiestramiento, así como los datos de todo el personal civil local que ha tenido contacto últimamente con los españoles. El objetivo es doble: buscar más posibles infiltrados y saber si alguno de ellos tenía una relación más estrecha con Ghulam Sakhi, el chófer terrorista que fue abatido tras asesinar a los tres españoles.
Esclarecer si Sakhi pudo tener algún cómplice se vislumbra como una tarea difícil, según reconocen mandos de la Guardia Civil. El conductor era un «tipo muy popular» dentro y fuera de la base, y las personas que tenían trato con él a diario «se cuentan por docenas», empezando por el jefe de la policía afgana en la zona.
También creen que Sakhi pudo haber sido reclutado por los insurgentes hace unos dos meses para aprovechar que, por su puesto de confianza en la policía local, tenía fácil acceso a la base española.