Mandar es cada día más difícil

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Los líderes tienen problemas para imponerse en sus propios partidos al agudizarse la tradicional crisis de autoridad española

08 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Que se lo digan a Zapatero, Rajoy o Montilla, por ejemplo. Todo el mundo tiene razones para ir a lo suyo sin atender al interés general de su partido, su empresa o su asociación. Fíjense en lo de Tomás Gómez, el secretario del PSOE de Madrid, que tiene sondeos propios -lo salva que se las hace el profesor Julián Santamaría- con resultados opuestos a la consulta de la dirección del PSOE, donde sale bajo en conocimiento y valoración. El propio presidente del Gobierno suspendió el viernes la reunión en la que pretendía convencerlo para que dejara paso a Trinidad Jiménez, con la que los socialistas quieren erosionar a Esperanza Aguirre. De haberse producido el encuentro con Gómez en sus trece, Zapatero hubiera enviado el mensaje de que no manda en su partido. Y bastante cruz tiene con el PSC, cuyos estatutos le impiden dar una orden en Ferraz y que se acate en Cataluña.

Pero, a su vez, Montilla pasa un calvario y se le ha retirado de las listas electorales el conejero de Economía, Antoni Castells, que hace cuatro años iba de dos en la candidatura. No es que se haya cansado de mandar, es que se prepara para el día después, para mandar más, en la previsión de que el PSC no gobierne en tres meses.

Y no se pierdan lo de Mariano Rajoy. Se da por hecho que no quiere a Francisco Camps en la cabecera de las listas en Valencia y por eso ha habido gestiones con Rita Barberá. Pero Camps pretende lanzar ya su campaña electoral, diga lo que diga Mariano.

No son tres casos aislados, es la norma general: una crisis de autoridad que se agudiza, en parte, porque se dejaron crecer las baronías regionales. Y ya no digamos si se trata de baronía política con caja de ahorros a disposición. Estadísticamente, y por transferencia de competencias, el Estado central se ha adelgazado, pero la autoridad también se ha debilitado. «Un diputado nacional del PP, pongamos por caso de Castellón, ¿a quién debe responder, a Madrid o a Valencia? Tengo claro que a Madrid, por eso es diputado nacional, con Rajoy como cabecera de cartel», sostiene la portavoz Soraya Sáenz de Santamaría. En el PSOE son de la misma impresión, pero el caso de Tomás Gómez en Madrid ha disparado las alarmas. Si en Cataluña Ferraz ya no manda porque en su día Felipe González y Alfonso Guerra cedieron, solo falta que se subleve Madrid. «No puedo olvidarme de la cara de nuestros compañeros del PSOE catalán cuando les comunicamos aquel acuerdo», cuenta Guerra, aire arrepentido.

Controladores descontrolados

En esa crisis de autoridad generalizada destaca el pulso del ministro de Fomento, José Blanco, con un colectivo descontrolado como el de los controladores. Están en su derecho de defender lo suyo, pero no a base de tener a centenares de miles de viajeros inquietos porque no se sabe cuándo estallarán. El viernes se rozó el acuerdo con Aena, pero los controladores más radicales desautorizaron a sus negociadores. Han contratado a un carísimo despacho de abogados y a una agencia de imagen, pero ya perdieron la batalla de una opinión pública que no entiende que seiscientos de estos profesionales ganaran medio millón de euros el año pasado a base de acumular horas extras.

¿Cómo se ha llegado a esto?. Por falta de autoridad de Aena, que admitió que el convenio de 1999 esté aún prorrogado. Tres ministros -Arias Salgado, Álvarez Cascos y Magdalena Álvarez- miraron para otro lado. Pero con José Blanco se acabó la fiesta, aunque le cueste algún disgusto. El director de un hospital valenciano nos decía hace poco: «Voto PP, pero reconozco que plantar cara como hace Blanco me reconforta, porque sé lo difícil que es mandar en este país».